¡Ciudadanía obtenida! (con un poquito de tensión dramática)

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Fue así: ya tenía la aprobación de mi ciudadanía de boca del oficial de Inmigración que me atendía, y Hezekia (voy a llamarlo por su nombre de pila), me había dado el documento con la fecha para mi juramento -Oath of Allegiance- para el 9 de abril. Ya habían pasado los famosos tests y yo me alistaba para volver al auto, adonde me esperaban Layla y David.

Pero cuando Hezekia quiso ingresar en su computadora los últimos datos apareció “algo que no me deja completar el proceso”. Así que amablemente me pidió que le devolviera el documento que probaba la aceptación de mi ciudadanía.

(¡Pum!)

No sé qué o quién estaba negándole a Hezekia el derecho a cerrar mi caso con un “Aprobado”. Él tipeaba y volvía a tipear, apretaba el “enter”. Y nada. Ahí empezó a revisar las páginas de mi aplicación.

Y también empezaron las preguntas: ¿qué habíamos hecho en Argentina durante cinco meses en 2005? ¿Cuánto tiempo había pasado fuera del país en 2007? ¿De qué trabajaba David? Si alquilábamos o si habíamos comprado nuestra casa ¿Quién pagaba los servicios municipales? ¿Por qué nunca había tenido una licencia de conducir? (”No sé manejar”).

Y los impuestos, claro, esos que con tanta meticulosidada pagamos cada año. Hezekia me dijo que necesitaba los comprobantes de que yo había pagado mis impuestos durante los últimos tres años.

-¿Los tiene?
-Acá no, en mi casa. Entre los documentos que me pidieron que trajera no figuraban las declaraciones de impuestos, sino claro que las hubiese traído.
-Bueno, mándemelos por correo ni bien pueda y dejamos la petición pendiente hasta que recibamos esos documentos.
-¿Y ahora?
-Ahora hay que esperar. No tiene que volver a hacer los tests, ya los aprobó, solo quedamos a la espera de eso.

(¡Ah no!)

-Discúlpeme señor mmm…He..zekia, no quiero interferir con su trabajo, pero ¿podría hablar con su supervisor antes de retirarme?
-¿Sobre qué?
-Simplemente no me parece justo que después de haberme citado hace dos meses, y habiendo especificado todos los documentos que debía traer (los cuales están en mi cartera, por cierto), ahora se retrase mi pedido de ciudadanía porque no traje las declaraciones de impuestos que sí tengo en casa, y que habría traído conmigo si me las hubiesen pedido. No me parece serio.
-Tengo curiosidad: ¿Cuál es su apuro?
-Ninguno, solo que es una gran carga emocional venir a esta cita, como se imaginará, y me preparé muy bien, estudié, traje todo lo que me pidieron e -insisto- no me parece justo tener que volver en unas semanas por algo que podrían haberme pedido con anticipación. Vine con la expectativa de irme hoy con un “sí” o un “no” a mi pedido de ciudadanía.

Hezekia me miraba medio perplejo: “¿Gran carga emocional? ¿Expectativas?”

Me confirmó que yo estaba en todo mi derecho de querer hablar con su supervisor, y cuando le respondí que en realidad no sabía si tenía sentido porque las cosas no iban a cambiar, y además él era un buen empleado y no quería compromerlo, ¡él me insistió! Así que me quedé en el hall esperando a un supervisor que seguramente me escucharía con la paciencia propia del oficio, y me diría amablemente lo que ya Hezekia me había dicho.

A los 10 minutos, ¿saben quién apareció? ¡Hezekia! Y alcanzándome un papel, me dijo “Vuelva el 9 de abril para su juramento señora, felicitaciones”. Me extendió su mano con calidez, y yo le devolví el gesto con un abrazo de oso. Hezekia se rió con ganas (era descendiente de africanos y no anglosajón, sino otro hubiera sido el cantar).

-Yo sé que usted hace las cosas bien, señora.
-Ay, discúlpeme tanto lío, pero realmente yo tenía que decirle que no me sentía tratada con justicia.
-Está bien señora, no es nada, disfrute de su día.
-¡Muchas gracias por todo!

Y -me da verguenza decirlo- lo saludé con la mano y le tiré un beso desde la escalera ¡Chan chan! Y me fui triunfante, subida a mis tacos y con mis piernas enfundada en medias negras por primera vez en años.

Así que el 9 de abril tengo el juramento de lealtad a mi nuevo país (la ciudadanía argentina nunca se pierde, se sufre hasta el final).

Ahora, seguiré sin saber si el supervisor de Hezekia era un programa de computadora, una persona, o el mismo Hezekia ¿Alguna idea?

Qué bueno que ya pasó este día. Ciudadana de los Estados Unidos de Norte América. American citizen. Ni más feliz, ni más linda, ni más flaca, ni más rica. Con más posibilidades, alguien podría decirme. Ni más de aquí, ni más de allá.

Si tenés preguntas específicas sobre este tema, escribime y te cuento todo.

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Primavera por un rato

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Así es en Seattle: cinco, siete, veinte días grises y lluviosos. Y uno o dos de sol radiante en los que, como dijo mi amiga Heather, “todo parece tan pero tan fácil”. Estas son algunas postales del primer día de sol en una semana, tomadas en el Arboretum.

La primavera va llegando con sus flores, su verdor, su sol que ya calienta, y el amor que se renueva. Y la lluvia, claro, que no se va hasta que llega el verano ¡Ahí sí! Durante julio y agosto, todo se pone marrón y seco: las hojas, el pasto, la piel. Pero cuando esto suceda…ya no estaremos aquí.

¡Brindo por este día de primavera que nos cargó de sol y color! ¡Chin chin! Prosit!

Foto: Sentir que mis pies tiene raíz…
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Camelia rosada en el sol
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Flor caída (”He visto lo mejor de las flores en las flores muertas”)
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¡La primavera la sangre altera! ¡Cuidado!
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Mamá cangurita

Crianza con apego, Nuestra vida en Seattle, portabebés 3 Comments »

¡Layla tiene casi 19 meses y ya es una mamá cangurita! Empezó la semana pasada: pone a uno de sus “bebés” adentro de la campera o debajo de la ropa, y hace todas sus actividades con el bebé pegado al cuerpo. Construye torres con bloques, come, juega con el perro, pasea por el parque, siempre con un bebé. A veces le habla: “Oh bebe, teta, bebe, oooh”. Supongo que sacó la idea de su mamá que la ha llevado y todavía la lleva en su Ergo Baby.
¿No es adorable mi joven cangurita? En la foto: con Bear y Rosie de paseo por el Green Lake.

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Gira la vida

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Foto: flor en el campus de la Universidad de Washington

La primavera va llegando. Hay lirios y fresias, y la ciudad de a poco se pone verde. Llegó el tiempo de desnudarse, de tirar las cosas viejas, de limpiar los cajones, y de renovarse (O morir).

La vida se renueva en el fuego, en el río que siempre es el mismo pero que nunca es igual, en las camas, en las macetas y en los bosques.

La vida sigue su curso no matter what. Y esto a veces me suena un poco cruel.

Los primeros meses del embarazo no podía imaginarme el momento de parir, era algo tan lejano en el tiempo…Pero con el correr de los días, y mi panza cada vez más redonda, podía sentir esa electricidad de la vida por nacer.

Unas semanas antes de la llegada de Layla tuve miedo, pánico, cómo sería, podría mi cuerpo dar a luz…

Pero también eso pasó. Y al final estaba en paz, tranquila, esperando el llamado de la Vida, mi cuerpo y mi corazón moldeados para recibir a Layla.

Sé que será igual con la muerte. Ahora la pienso a veces, la deseo calma, mirando el cielo, rodeada de amor, y dentro de muchísimos años (siglos si es posible). También le tengo miedo, y me repito como un mantra: “No quiero morir”.

Pero sé que cuando el momento llegue voy a estar lista, mi cuerpo y mi corazón amoldándose de nuevo para el llamado de la Vida.

Todo lo que nace muere; y lo que muere, renace.

¡Bienvenida, Señora Primavera!

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Fotos: “Los otros médicos”

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Comparto con ustedes este trabajo fotográfico que me impactó: “Los otros médicos”, de Alejandro Cock, quien documentó en poblaciones de Ecuador la “sabiduría de los andes, sabiduría de milenios, que pasó de los incas a los quechuas. Sabiduría que pone cada elemento en su lugar: los lagos, montañas, volcanes y hasta la familia humana. Cuando el equilibrio entre estos se pierde, es el chamán o Yachac quién debe restablecerlo. Una historia sobre el valor de lo ancestral, sobre una generación de hombres y mujeres que con su conocimiento sanan a su pueblo, llegando a abanderar incluso sus luchas étnicas y políticas” (texto de Alejandro Cock).

Para ver este trabajo de Alejo Cock, click acá.

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