Domingo: “Snow!”, nieve de primavera

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La lactancia de Agustina y Jerónimo

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Quiero compartir esta historia de lactancia. Cada lactancia es única y es una “búsqueda”, como bien dice Agustina. Ella y su cachorro buscaron y encontraron ¡Se encontraron! ¡Bravo! Gracias Agus por compartir tu historia, y gracias por la inspiración.

“Durante el embarazo, el libro El arte femenino de amamantar, de Liga de la Leche, fue una de mis “biblias”. Me encantó, sobre todo porque me ayudó mucho con mi actitud mental hacia la lactancia.

Creo que las madres tenemos una tendencia a exigirnos demasiado, a formarnos una idea de cómo deberían ser las cosas y a trabajar duro por cumplirlas. Y somos muy duras con nosotras mismas cuando las cosas no nos salen como las habíamos imaginado.

Las historias que leí me ayudaron a sacarme de la mente esa imagen del bebé medio dormido, tomando pacíficamente la teta. La imagen que una siempre ve en libros y revistas.

Lo primero que aprendí es que la lactancia es un proceso dinámico, que avanza, retrocede, cambia y se transforma. Por eso, cuando hablo de mi lactancia con Jerónimo, no pienso en las dificultades como problemas sino como búsqueda.

Creo que Jero nació con un hambre voraz, porque apenas nació se colgó de la teta. Solo lo acercaron y él hizo lo suyo. Los primeros días en casa fueron así también. La primera semana durmió y comió, básicamente fue todo lo que hicimos.

Pero a partir de la segunda semana se empezó a despertar, a mover más, a estar más inquieto, y ahí empezó nuestra búsqueda.

Nunca le dimos chupete, y la primera mamadera la tomó a los tres meses. Succionaba constantemente, así que yo tenía muchísima leche. Amanecía empapada todas las mañanas y tenía los pechos muy duros. Ésa fue nuestra primera búsqueda: encontrar cuanta dureza se interponía en el camino.

Así que, con un pañal de tela mojado con agua caliente me iba sacando un poquito de leche y probando, hasta encontrar el punto justo, o al menos, el aceptable para Jero. Hacía esto antes de cada toma, para sacarme el exceso de leche que dificultaba la prendida.

En la tercera semana, Jero empezó a mostrar muchas molestias para prenderse. Era muy frustrante porque claramente tenía mucha hambre y quería teta, pero por alguna razón no podía prenderse.

Nuestra segunda búsqueda fue la búsqueda de posición. Me pase horas y horas en Google buscando imágenes, viendo fotos de mujeres dando la teta en diferentes posiciones. Vi diagramas, cuadritos, dibujitos. Y probé todo.

Por una o dos semanas la única posición en la que quería tomar era la de “perrito”: Yo me ponía en cuatro patas arriba de él, y bajaba hasta que la teta le llegara a él. Sólo así tomaba.

De a poquito, pasamos de “perrito” a la de sentado. Mientras él tomaba acostado abajo mío, yo le ponía la mano en la espalda y lo iba sentando mientras yo me inclinaba también hacia atrás, hasta que terminábamos los dos sentados. Así, de a poquito, fuimos avanzando hasta que ya se prendía directamente sentado. Y eliminamos el “perrito”.

Pero al tiempo se empezó a poner inquieto, y sentado ya no le iba. Ahí empecé a darle la teta caminando, y medio de prepo. Ponía música, bailábamos y cuando estaba contento con el movimiento, le ofrecía la teta y él la tomaba. Una vez que se prendía yo ya podía caminar, y a veces sentarme.

Cuando Jero cumplió tres meses más o menos, empezó a rodar. Ahí todo se puso mas fácil, ya que él solito podía satisfacer sus necesidades de movimiento. Yo me acostaba en el piso y él tomaba un poco, se iba rodando hasta el fin del cuarto y volvía.

Hoy tiene casi nueve meses y esto es más o menos lo que seguimos haciendo, sólo que en vez de rodar, se para con la teta en la boca, gatea, se ríe, habla, hace burbujas, escupe. Qué bueno que pude sacar de mi cabeza esa imagen del bebé tranquilo tomando teta. Yo lo viví, pero solo la primera semana de nuestra lactancia.

Muy rara vez doy teta en público, solamente cuando Jero está muy cansado y quiere mamar un poco antes de dormir. Porque para tomar teta como a él le gusta necesitamos espacio y tiempo. Creo que él también lo entiende y prefiere esperar a llegar casa. Es raro que pida teta cuando estamos afuera, prefiere “aguantarse” y sacarse todas las ganas cuando volvemos a casa.

Algunos momentos fueron bastante frustrantes, pero para mí los comienzos de la lactancia son como los primeros meses de novios, en los que estás nerviosa antes de salir, y estas ansiosa y querés que el momento llegue, pero al mismo tiempo que no llegue, porque no sabés si va a salir bien, si vas a decir algo tonto, o si vas a hacer un papelón.

Como las primeras citas, el comienzo de la lactancia es a veces incómodo y acartonado, pero también es el momento de conocerse, de jugar, de hacerse preguntas, de buscar coincidencias, de establecer diferencias. Es sobre todo, divertido. Que la lactancia es divertida y placentera es algo que me recordaba siempre. “No hay razon para sufrir”, me decía, porque si es con sufrimiento es porque algo no está funcionando, y hay que probar otra cosa.

El bebé, sobre todo en los primeros tiempos, sigue mucho el humor de la madre. Cuando la cosa se ponía muy estresante, me decía: “Basta Agustina, esto es lindo, esto es alegre”, y cambiaba la cara, sonreía, hacía bromas o le hacía cosquillas a Jero, y su predisposición cambiaba inmediatamente.

En la lactancia, la búsqueda es tan o más importante que el resultado y que hay que seguir probando cosas. Es una relacion de dos, y todo va a encajar, con alegría y con paciencia, que el momento siempre llega.”

Además: Liga de la Leche

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Maternar como nos maternaron

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Una vez leí (no me acuerdo en qué libro) que maternar no nos sale naturalmente. Lo que nos sale naturalmente es maternar de la manera en que fuimos maternados. Para muestra…¡bastan estos dos vídeos de mi bella niña! ;)

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“A propósito del colecho…”, por mi amiga Paola

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Foto: Davsans (Flickr Creative Commons)

La historia es así: Una madre escribió en el foro de un sitio dedicado a la maternidad:

-”Hola, tengo una beba de un año, que se despertaba siempre por las noches, hasta llegar a despertarse cada media hora, ya que se dormía en brazos. Decidimos con mi marido utilizar el “Duérmete niño” y dejarla llorar. Y funcionó. Cada vez lloraba menos, y dormía toda la noche ¡Dormimos tres noches seguidas sin despertarnos! Al tercer día por la tarde se tiró de la cuna al piso, por suerte no le pasó nada, pero ya no puedo dejarla llorando hasta que se duerma, así que después de la mema, le canto y la abrazo un rato más, la pongo en la cuna y me quedo al lado. Pero se para y me abraza, y no quiere acostarse, se pone a llorar y si me alejo se tira de la cuna. Yo la voy acostando pero ella se para otra vez, y yo me duermo parada…¿Sigo igual? ¿Se cansará? ¿Qué hago? gracias, V.”

Mi amiga Paola le respondió con el texto impecable que transcribo a continuación, y que publico con su permiso. Paola es mamá de tres hijos preciosos. Es además educadora del parto respetado, acompañante del nacimiento, y terapeuta de Flores de Bach (mi terapeuta). Vive en las sierras cordobesas, su página Web estará disponible muy pronto, y es una diosa.


“Me hace acordar lo que vivo cada noche…Cuando me casé le pedí a mi marido que durmiéramos juntos, porque necesitaba tenerlo cerca y sentirlo. Estaba muy enamorada, y obviamente me imaginaba que él querría lo mismo.

Pero resulta que no era así, y mi marido decía si yo estaba a su lado él no podía descansar bien. El dia que me planteó eso, ufff, le hice un escándalo… Así que él me encerró en la pieza con llave, y yo me puse a llorar, le supliqué, y volvi a llorar, pero él no abrió la puerta.

Las noches sucesivas fueron iguales, imagínense, yo me sentia tan desamparada, tan poca cosa, el amor de mi vida no sólo no quería compartir la cama conmigo, sino que tampoco le importaba que llorara ni que me angustiara tanto la situación.

Al poco tiempo me enfermé y él me llevo al médico (no aclaré que durante el día era muy cariñoso, muy comprensivo, me llenaba de regalos y de mimos, el problema comenzaba siempre a las 22 horas). Y cuando al doctor le conté lo que me hacía todas las noches, exploté, y ante mi asombro, el médico le dio la mano a mi marido y le dijo, “Lo felicito señor, es muy bueno el método que está aplicando a su esposa para que aprenda a dormir sola”.

Ahí no luché más, no lloré más, “la cosa es así”, me dije. Todas las noches me duermo abrazada a la almohada, dejando deslizar alguna lágrima, extrañando ese amor que me abandona al apagar las luces.

¿A alguna le pasa lo mismo?”

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La alegría de tenerte

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Anoche estabas haciendo sonar un block de madera contra el piso. Te dije “Shh, papá está durmiendo”. Me respondiste con cara seria “Shh”. Al ratito, yo me puse a tocar Old Mc Donald’s en el pianito, cantando el estribillo a viva voz. “Ia Ia Ouuu”. Cuando iba por la segunda vuelta me interrumpiste, de nuevo con cara seria: “Mama shh, papa”…Es decir: “Mamá, shh, papá está durmiendo”.

Antes de ayer, te pusiste mi corpiño de collar y recorriste toda la casa ofreciéndole a tu “bebe”: “¡Teta, teta, teta!”. Teta y “Apa”. Todo lo que necesita un bebé: teta y upa. Upa y teta.

Cada día te descubro, hijita. Siempre estuviste ahí, pero ahora florecés. Como las fresias y narcisos que siempre te parás a oler, las primeras flores de la temporada. Cada flor es una fiesta, cada pájaro a través de la ventana, cada perro, cada gato, cada ser humano en tu camino. Hace dos noches anunciaste iluminada: “Mama, sno!”, snow, ¡nieve! Fuiste la primera en verla, la única atenta.

El domingo vino nuestro amigo Román y lo recibiste con el corazón abierto, ofreciéndole todos tus chiches. Lo mismo a Rebecca y la pequeña Rachel. Les llevaste a tus “bebes” y a tu “bear”. Pero de pronto te diste cuenta de que no era lindo ver a tu Rosie en manos de otra “nena”. “Nena, ma, bebe”. Querías a Rosie de vuelta. Y ahí también te amo con locura, mi pequeña aprendiz de la vida y las emociones. Es ahí cuando me siento más mamá. Cuando te guío y transitamos juntas los desafíos.

Ayer a la tarde, en lugar de salir a pasear con papá, querías dormir la siesta. “Bed, mama, bed”. Y a la noche tuvimos una fiesta porque hiciste tus primeras torres con blocks…¡Torres de siete y ocho pisos! Gritaste y bailaste de la emoción. Yo te miraba de lejos, tratando de contener mis ganas de buscar la cámara de fotos. Hasta que me llamaste para compartir tu logro: “¡Mama!”.

Ahí venís con “Ami”, uno de tus libros favoritos, “Te amo porque eres tú”. Te amo cuando tenés miedo, cuando te ponés tímida, cuando estás de buen humor y cuando tenés sueño. Cuando tu cuerpo es todo risa, y también cuando es puro enojo. Cuando soltás mi mano, y también cuando querés estar “apa”, o pegadita a mí leyendo un libro. Cuando corrés desnuda por la casa y le gritás a la gata en la oreja. Cuando te comés el kiwi con cáscara. Cuando me hacés reir, y cuando yo solita me enojo. Cuando le querés poner zapatos al perro, y cuando notás que ando de capa caída y me das un abrazo y un “be” (beso).

Te amo hija, Layla de mis ojos, corazoncito, ratita Marita, flor, papayita.

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