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abr 09

Foto: Mindful one (Flickr Creative Commons)
Agustina, miembro de Familia Natural y mamá de Jerónimo, escribió esta hermosa reflexión sobre el nacimiento de su hijo en el foro de Familia Natural. Me encantó, y por eso le pedí autorización para publicarla ¡Gracias Agus una vez más por la inspiración!
“Cuando era adolescente leí en el libro Demian, de Hermann Hesse: “El que quiere nacer tiene que romper un mundo”. Esta la frase se quedó conmigo: el paso de la niñez a la adolescencia, de la adolescencia a la adultez, un mundo que se rompe, y un mundo que nace.
Pero nunca la frase fue tan literal como cuando nació Jerónimo. Parir no es un romper un mundo, parir es romper una galaxia, romper un universo y romper una cultura. Parir es ser el corazón de una cebolla que con cada contracción se hace grande y se hace fuerte. Cada espasmo, cada grito, cada dolor es una fuerza que viene desde adentro y puja por atravesar las corazas impuestas por una sociedad alienada y alienante.
Con cada contracción una capa que se rompe: los mitos, los prejuicios, los mandatos, las costumbres aprendidas. El dolor del parto es el dolor de la liberación. Parir es liberarse. Y con cada contracción hacemos una involucion, una vuelta al estado natural: se pierde el lenguaje, se pierde la conciencia, se pierde el sentido hasta quedar desnudas, expuestas, y vulnerables. Pero liberadas. Parir es tener la oportunidad de volver a nacer.
Parir es romper un mundo, y ser madre es nacer un mundo. Cuerpos resignificados, roles transformados. Madre, padre, hijo, hermano, palabras del nuevo mundo. Madre e hijo se conectan piel con piel, sin mediaciones, sin intermediarios. Cuerpos que se sincronizan, corazones que se tocan. Ser madre es nacer un mundo para nuestros hijos, ser madre es una revolucióon silenciosa que transforma lo que toca a través de la entrega, el amor, la compasion y la comunicación.
Bueno, quizás estoy exagerando: Jerónimo nació por cesárea luego de tres días de trabajo de parto. Quizás rompí un cuarto de mundo, medio mundo, tres cuartos de mundo. No importa: parto largo, parto corto, parto chiquito, parto angosto, parto sufrido, parto cantado: el parto es parto. Y parir es romper un mundo. Romper un mundo, y nacer un mundo. Podemos ignorar el mundo nuevo y enterrarlo bajo la alfombra del mundo viejo, con la sospecha de que este mundo ya no es mas nuestro mundo, podemos esconderlo y guardarlo, escucharlo respirar por las noches y visitarlo cuando hace frío.
O como yo, podemos hacer las valijas y mudarnos a un mundo diferente”.
Etiquetas: contracciones de parto, dolor de parto, libro demian de herman hesse, nacimiento parto respetado
abr 08

Foto: Carf (Flickr Creative Commons)
La semana pasada terminé de leer el libro “Protecting the gift, Keeping Children and Teenagers Safe (and Parents Sane)”, de Gavin De Becker, un experto en seguridad y autor del best seller “The gift of fear” (“El regalo del miedo”). En este caso, focaliza su atención en la seguridad de nuestros hijos, y de los niños en general.
De Becker abarca casi todos los tópicos: cómo reconocer las señales del abuso sexual (de que va a ocurrir o de que está ocurriendo); cómo identificar a un depredador sexual; qué preguntarle a una potencial niñera o al personal del jardín de infantes; cuándo los hijos más grandes están preparados para estar solos en lugares públicos; y el último (y duro) capítulo está enteramente dedicado a la violencia familiar, algo que el autor conoce de cerca por haber sufrido por años los abusos de su madre drogadicta.
El libro me pareció interesantísimo, y lo devoré en tres noches. Me gustó porque el foco no son el pánico ni el miedo indiscriminado (a todo y a todos), sino la realidad, y la confianza en la intuición para detectar el peligro.
Porque ya sabemos que el mundo allá afuera es bravo, que hay depredadores sexuales, raptos y niñeras violentas. Pero vivir en pánico no es la mejor defensa. La única defensa posible es empezar a confiar en nuestra intuición.
Es la intuición la que nos permite discriminar. Esa vocecita adentro nuestro que nos susurra (y hasta nos grita) que algo no está bien. Esa vocecita que nos despierta ese miedo “irracional”, que justamente es el miedo al que debemos prestarle atención.
Esa vocecita a la que generalmente no le hacemos caso, porque siempre TENEMOS que racionalizar todo, aún el miedo.
El autor sostiene que las intuiciones en el caso de nuestros hijos son siempre acertadas por dos razones: están basadas en algo, aunque no sepamos qué, o lo neguemos, o nos duela aceptarlo (tenemos el instinto de defender a nuestra cría, nunca lo olvidemos). Y segundo: si le hacemos caso a nuestra intuición en relación a los niños, estaremos haciendo lo que creemos de corazón es mejor para ellos (aunque podamos equivocarnos alguna vez).
Todos podemos predecir el peligro. Piensen sino en cuántas veces sus intuiciones se vieron confirmadas. Recuerden las oportunidades en las que después de notar algo “extraño” (una sonrisa que se curvó lentamente, una mirada demasiado larga) decidieron caminar hacia otro lado. Tal vez no llegaron ni a reconocer qué era “lo extraño”, pero algo las alertó: su intuición.
Creo las mamás estamos híper conectadas con esta intuición ¿Cuántas veces nos hemos dicho “salió la mamá loba-osa-tigresa-leona que hay en mí”? No quiero perder este estado. Y es más: quiero transmitírselo a Layla ¿Cómo? Saliendo al mundo con ella, y animándola a interactuar con la gente, para que pueda ella solita desarrollar su propia intuición, y de a poco ir ejercitándola.
De Becker propone un ejercicio muy simple para hacer con los hijos:
-Incitar a los chicos a hablar con extraños en nuestra presencia. Pueden ser ellos los que ordenen la comida en un restaurante, por ejemplo, o si son más grandes podemos decirles que elijan a una persona para preguntarle la hora, o pedir indicaciones para llegar a un lugar. Y luego reforzar ese aprendizaje discutiendo los detalles de la comunicación: ¿Qué pensaste de ese hombre que se nos acercó demasiado para hablar? A mí no me gustó”; “Me sentí muy cómoda conversando con el hombre que estaba sentado en la mesa de al lado, ¿y vos?”.
El autor sostiene que los chicos que tienen una intuición desarrollada, y que saben comunicarse con la gente, tienen muchas menos probabilidades de ser víctima de un ataque violento porque, ante el peligro, intuyen en quién no pueden confiar, o saben a quién pedir ayuda. Porque el problema no son “los extraños”, sino “lo extraño”.
Por último, me gustaría citar al autor sobre la televisión encendida 24 horas al día:
“¿Querría alguien destruir el sentido de seguridad de la gente? Bueno, sí, hay un tremendo negocio allá afuera tratando de sacar provecho de esto: los canales de noticias…Mientras la mente humana es capaz de absorber todo tipo de experiencias y estímulos, demasiada información en poco tiempo puede aumentar en el niño su nivel de miedo a lo desconocido, hasta el punto de quitarle la posibilidad de desarrollar un sentido de seguridad en sí mismo y en el mundo.
Todos tenemos experiencias con calamidades en nuestras vidas, y esto es inevitable. Pero desde la era satelital, también experimentamos las calamidades en la vida de todo el mundo, y esto sí es evitable…Esta presentación del mundo como un lugar peligroso lleva a los niños y a los adultos a creer que no son lo suficientemente competentes para superar los desafíos de la vida, y esta creencia los lleva a no disfrutar plenamente de la vida…El sereno original nos cantaba “Son las once y todo está bien”, pero en la era de los medios nos vamos a dormir con un “Son las once, y dormir boca abajo causa la muerte de la cuna en los bebés”.
Etiquetas: abuso sexual infantil, gavin de becker, la seguridad de los niños, protecting the gift
abr 07

Foto: Vishbarupa (Flickr Creative Commons)
Ya no quiero belleza, ni esbeltez, ni sagaz inteligencia. Te pido el don de los dones, la madre de toda sabiduría: Paciencia.
Son días de desafíos: me sobrepasan los estallidos de independencia de mi Layla ¿Gorro para el sol? No; ¿Te puedo cortar las uñas? No; Para cruzar esta calle tenés que darle la mano a mamá, No no no; ¿Preferís aúpa? No.
Y me siento sobrepasada también por el nivel de demanda, la contracara supongo de este salto de la infancia a la niñez.
Todo pasa, ya sé, pero desearía que pase con más fluidez de mi parte ¿Alguna receta? ¿A ustedes también les ha pasado? Supongo que es cuestión de dejarse llevar por esta nueva etapa de mi hija, con la compasión y el respeto como marco. Y de respirar hondo las veces que sea necesario ¿no?
En fin: es cuestión de ser paciente.
Uff, ya está, ya lo dije, ya salió de mi garganta, me siento más liviana. A seguir adelante pués, que hoy brilla el sol en Seattle y hay clima de primavera.
Aunque el pronóstico dice que no va durar mucho más y mañana volverá la lluvia.”¡Pero paciencia!”, me digo, que todo pasa pero también todo queda…Y lo único que nos queda es la manera en que atravesamos esta vida.
Etiquetas: crianza con apego, etapa del "no", independencia de los niños
abr 06

Foto: Ana Ve (Flickr Creative Commons)
Le pregunté a mi querida Ale Galván por qué estudiaba Partería, y ésta fue su respuesta.
¿Qué les puedo contar de Ale? Ale es mamá de tres hijos, coordinadora de un grupo de Liga de la Leche, estudiante de partería, activista del amor y del deseo, hada, brujita, y una hermana del alma. Terminé de leer este relato muy emocionada, vibrando como siempre que conecto con ella. Tengo ganas de reírme y de llorar, de salir corriendo YA a HACER ALGO. Como hace ella: “En vez de quejarme, acciono” ¡Qué la disfruten! ¡Brindo por más Ales Galván en este mundo! ¡Viva la pasión!
-Ale, ¿Por qué estudiás Partería?
“Bueno, ¡qué pregunta! No sé si puedo contestarte acabadamente. Es decir, capaz que por lo que hoy quiero ser partera no es lo mismo que por lo que me decidí a ser partera hace un año, ni tampoco por lo que seré partera en cinco. Pero vamos probando.
Hoy quiero ser partera porque quiero ser parte de un cambio, y yo creo que el cambio empieza por casa. Para empezar, soy de las eternas ritualistas que casi sin preguntar van en contra de la corriente, sí sí, por ritual. Así fue que durante toda mi vida siempre hice todo al revés del común de la gente.
Fui atea públicamente en mi colegio de monjas, tanto que las monjas me invitaban a debatir en otros cursos porque según ellas yo sabía plantear los contras cuando se charlaba el tema “¿Dios existe?”.
Me fui a vivir con mi novio en contra de toda la familia de él (mis viejos ya estaban curados de espanto), me casé a la tarde porque lograron convencerme de que al mediodía haría mucho calor en febrero, y me casé con el vestido de mi mamá. A pesar de todos los agurios de mala suerte, ya llevo doce años de casada.
Amamanté a mis hijos en lactancias prolongadísimas (ya hemos hablado de esto), y súper criticadas por ambas familias. Crío con apego, duermo con ellos, y uso la crianza con amor, con respeto, o como la llamemos.
En fin, ya durante la lactancia conocí el tema del parto respetado. No pude lograrlo con mi segundo hijo, me volvieron a engañar, y entonces decidí parir en casa a mi tercera hija, hace ya tres años. Fui una de las pocas -sino la única- que por esa época parió en casa en Rosario, mi ciudad.
Parir en casa signficaba varias cosas: comprobarle al mundo que YO podía, pero mostrarle a la sociedad que CUALQUIERA PUEDE, yo no era ni yogui, ni nada de eso. No creo que tenga más hijos. Pero podría haberme quedado con eso, y seguir contando mi experiencia para inspirar y ayudar a otras madres.
Pero me di cuenta de que mi sola experiencia no había modificado las cosas sustancialmente. Otras chicas que vinieron después que yo en mi cuidad tuvieron que recorrer el mismo camino que yo para lograr un parto respetado: pelear con la obra social, llamar a parteras de Buenos Aires…
Así fue que con unas amigas decidimos armar Alumbar, una organización para difundir los derechos del parto y del nacimiento (Alumbrar estuvo quieta un tiempo, pero ya está por volver, ¡qué alegría!). Pero tampoco esto bastó para cambiar las conciencias de los médicos. Organizamos conferencias, panfleteadas, miramos videos y debatimos. Algunas mujeres sí lograron el cambio, pero todavía no habíamos logrado un cambio significativo en la comunidad.
Por eso quiero ser partera. Porque entiendo que asistiendo a mamás de una manera diferente voy a poder realizar un cambio significativo, no sólo por esa mamá a la cual asista, sino porque podré contar yo con la propia experiencia de muchas madres asistidas.
A mí me pasa esto: en vez de quejarme, acciono. Accioné cuando creé un grupo de parto, acciono cada día con mi grupo de apoyo en la lactancia, con la no violencia en la crianza de mis hijos, con mi parto en casa, con estudiar Partería…
Si lo pusiera en otro plano diría que si algo en mi ciudad no me gusta, y me molesta lo suficiente, en vez de quejarme por medio de los concejales inútiles, ¡me hago concejal! (¡ay, lo estoy pensando no sabés cómo!).
Para mi ser partera es recuperar un eslabón perdido. Las parteras están en extinción, al menos en Argentina. Las parteras le devuelven a la mujer su poder interno, su sabiduría ancestral, y yo no quiero perderme ser parte de este cambio, quiero estar ahí. Quizás es una mirada egoísta también, quizás es difícil decir que sólo lo hago por los demás, quizá yo no me banco todo este tiempo que nos lleva a las mujeres cambiar el nivel de conciencia, y poder pararnos y decir ¡BASTA!
Mientras más seamos las que ofrecemos algo distinto, más mujeres se despertarán y después claro, ya sabés lo del centésimo mono…Quiero apurar un poco las cosas con mi acción, necesito irme de este mundo sabiendo que colaboré concretamente a que las mujeres puedan elegir qué parto desean tener, a través de conocer algo distinto de lo que conocen hoy.
Además: ¡Todas somos parteras! Todas las mujeres somos sabias, todas somos mujeres que nacimos de mujeres, ser partera implica para mí devolverme a mí misma la sabiduría ancestral. Nadie-nadie-nadie antes me enseñó tanto de mí misma como estoy aprendiendo ahora mientras estudio Partería. Y quiero poder transmitir eso también.
Y por último: estudio Partería por mi hija. Hoy Vicky ve su “casamiento” ( se le pegó eso, en vez de nacimiento, me he dado cuenta que ambas palabras son parecidas), me pregunta si me duele, se acuerda de cuando ella estaba adentro, en unos años me acompañará a los partos, verá infinidad de mujeres parir antes que ella. Y ella podrá elegir.
Así como ahora ella amamanta a sus osos, en el futuro no pensará lo difícil que es amamantar. Ella ve todo el día en casa a mujeres amamantando, yo hablo todo el tiempo de eso, es lo natural para ella.
Si yo pudiera decirte algo para Layla es: llevala con vos a todos lados, al baño cuando te cambies tu apósito de menstruación y entonces le contás que todos los meses se desarma la casita, y entonces ponés tu sangre en un balde y se riegan las plantas…Llevala a grupos en las que todas amamantan, y donde todas crian con amor. Llevala a los partos de tus amigas si podés, que ella vea parir. Ella no va a tener miedo, no es dolor ¡Es fuerza!
Ser partera es hacer activismo intenso… como cuando llevas a Layla en el cargador en lugares donde no hace tanta falta pero igual la ponés para que otros vean y pregunten, y vos puedas contarles. A mí se me acaban los tiempos de lactancia, con Vicky estamos en llegando al final (capaz un año más), ya me pesa mucho en el cargador, igual la llevo pero ella no quiere a veces…Ya la parí en casa, ¡no puedo seguir pariendo hijos solo por hacer activismo!(aunque lo pasé tan bien que paririría cada semana).
Así que entonces me monto en la ola de ser voluntaria en Liga de la Leche, de trabajar activamente en un grupo de parto, ser líder API (Attachment Parenting International), ¡y ser partera!
¿Sabés que me siento partera? ¿Sabés que nunca antes me sentí nada como ahora? ¿Sabés que ninguna profesión me cerró tanto como ésta?
Un abrazo, Ale”
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Etiquetas: alejandra galvan, estudiar partería, Parteras, parteria, Parto respetado
abr 06
  
¡Sí, llegó el día! ¡Por fin! Esta tarde se reunieron algunas de las mamás de nuestra red en la casa de Carito, en Buenos Aires.
En honor a la verdad, éste fue el cuarto encuentro: ya se habían conocido Laura y Claudia, las mendocinas. Paula y Paola se habían encontrado para matear en la plaza de La Falda, Córdoba. Y Dolores y Mariana se conocieron en la presentación del libro “Crianza” de Laura Gutman.
Pero hoy era algo así como el encuentro “oficial”: seis mamás y nueve hijos en Flores, y otras cuatro que acompañamos vía Skype. Luisina desde Rosario, Claudia desde Mendoza, y yo desde Seattle. Y Kari que -desde Trelew- llegó tarde. Y todas las chicas del foro, a quienes tuvimos bien presentes.
Tuvimos algunas dificultades técnicas, pero les aseguro que no me importó. Me quedo con los 30 segundos en los que las vi a casi todas juntas con los chicos. Pensé: “Wow, estas chicas tienen algo tan trascendente en común, la crianza amorosa de sus hijos, y ahora están juntas gracias a una sugerencia de David, mi Gringo, para que empezara una red social sobre crianza con apego”. Lo que es la vida…
Me emocioné tanto…¡Todavía me dura! Estoy que no me puedo irme a dormir, como después de una fiesta planeada por mucho tiempo ¡Y disfrutada antes, durante y después!
Tomaron mate, comieron cosas ricas, charlaron, y “por lo menos rompimos el hielo (que nunca hubo) pero fue como traspasar una barrera, algo de desconocimiento que ya quedó atrás” (Viole).
Me contaron todos los detalles, y los leo una y otra vez, los devoro, como ellas hicieron con los brownies que preparó Ivancito, y las galletas que cocinó Lisa (y que servía con una bandejita, ¡mi amor!).
Cheers!! ¡¡Chin chin!! Yahoooo!
¡Gracias chicas!
  
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