El embrión se muere, pero el cuerpo no desencadena el aborto espontáneo. No hay grandes pérdidas de sangre -o como en mi caso sólo un flujo amarronado-, no hay dolor, y una se sigue sintiendo embarazada. El motivo es un misterio. Pueden ser las hormonas del embarazo que no desaparecen enseguida, y entonces el cuerpo no registra que la gestación terminó. O puede ser el deseo de la madre de retener la vida un rato más. No se sabe.
Ayer fuimos al médico, y nos propuso hacer un legrado en ese momento. Le dije que prefería esperar lo que fuera posible para que mi cuerpo produjera el aborto. Él aceptó, me dijo que por una semana más podíamos esperar (mi embrión está sin vida desde hace tres semanas). Nuestra partera estuvo de acuerdo.
Y así estoy, esperando alguna señal del cuerpo, despidiéndome de mi embarazo de a poquito. Deseo que este embarazo termine naturalmente, en paz, en casa, en nuestra intimidad. Este es mi deseo, y es lo que me repito.
Hay un ejército de mujeres sosteniéndome y ayudándome. Mujeres sabias dándome consejos sobre cómo abrirme y dejar partir lo que queda de mi Vidita. Hierbas, agujas, menjunjes que no reproduzco acá en honor a la responsablidad.
A mí no me da miedo la sangre, y no me da impresión llevar a un embrión muerto adentro mío. Pensaba parir a este hijo en casa, y querría dejarlo ir de la misma manera.
Pero ya vimos, la vida a veces no es siempre como queremos que sea…Y como me dijo mi amiga la que ayuda a nacer: “Si esta vidita para despedirse de tu cuerpo necesita ayuda, habrá que dársela. Quiero que interpretes bien lo que te digo, yo desde aquí pongo toda mi energía, para que tu cuerpo pueda terminar el proceso que él mismo inició, pero si algo dice que no, queda aceptar que no tenemos el control de todo”.
Y no, ya lo sé, no tenemos el control de todo. De casi nada más bien.

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