Reconstruyendo

Aborto espontáneo 1.242 Comments »

Como me pasó con el nacimiento de Layla, de nuevo son las voces hermanas las que me ayudan a reconstruir lo que pasó.

“Ahora podés ver ese algo de fatalidad que veías en sueños. Yo creo que lo trasmitiste de varias maneras. A mí me llegó, leve, pero íntimamente sabía que algo en vos era, no sé, “diferente” ¿Te acordás que cuando concebiste te pusiste a llorar?”.

Y no, no me acordaba. Ahora vuelve la memoria, y me acuerdo también de que dije “la vida es corta” la noche de la concepción. Y una semana después nombré a Vidita. Vidita, una vida chiquita.

“¿Y sabés que? entiendo que a pesar de la tristeza por lo que no puso ser, te sientas aliviada, aliviada de tener la confirmación de que ese “no encontrarlo” tenía una explicación, y que pudiste vivir y transitar, aunque fueran siete semanas, una nueva maternidad de la cual aprendiste cosas nuevas”.

Gracias, Amiga de los Alpes.

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Aborto retenido

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El embrión se muere, pero el cuerpo no desencadena el aborto espontáneo. No hay grandes pérdidas de sangre -o como en mi caso sólo un flujo amarronado-, no hay dolor, y una se sigue sintiendo embarazada. El motivo es un misterio. Pueden ser las hormonas del embarazo que no desaparecen enseguida, y entonces el cuerpo no registra que la gestación terminó. O puede ser el deseo de la madre de retener la vida un rato más. No se sabe.

Ayer fuimos al médico, y nos propuso hacer un legrado en ese momento. Le dije que prefería esperar lo que fuera posible para que mi cuerpo produjera el aborto. Él aceptó, me dijo que por una semana más podíamos esperar (mi embrión está sin vida desde hace tres semanas). Nuestra partera estuvo de acuerdo.

Y así estoy, esperando alguna señal del cuerpo, despidiéndome de mi embarazo de a poquito. Deseo que este embarazo termine naturalmente, en paz, en casa, en nuestra intimidad. Este es mi deseo, y es lo que me repito.

Hay un ejército de mujeres sosteniéndome y ayudándome. Mujeres sabias dándome consejos sobre cómo abrirme y dejar partir lo que queda de mi Vidita. Hierbas, agujas, menjunjes que no reproduzco acá en honor a la responsablidad.

A mí no me da miedo la sangre, y no me da impresión llevar a un embrión muerto adentro mío. Pensaba parir a este hijo en casa, y querría dejarlo ir de la misma manera.

Pero ya vimos, la vida a veces no es siempre como queremos que sea…Y como me dijo mi amiga la que ayuda a nacer: “Si esta vidita para despedirse de tu cuerpo necesita ayuda, habrá que dársela. Quiero que interpretes bien lo que te digo, yo desde aquí pongo toda mi energía, para que tu cuerpo pueda terminar el proceso que él mismo inició, pero si algo dice que no, queda aceptar que no tenemos el control de todo”.

Y no, ya lo sé, no tenemos el control de todo. De casi nada más bien.

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Vidita se fue. Snif.

Aborto espontáneo, Embarazada otra vez!, Sarasota-Florida 885 Comments »

Y se fue nomás. Una vida corta, de siete semanas, una Vidita completa, sin embargo, que nos iluminó mientras duró.

Flujo marrón. Ecografía muda. David y yo apretándonos las manos para no llorar. Diez semanas de embarazo. Siete semanas habitada.

Llanto, culpa, furia, enojo, tristeza, en una mañana radiante de otoño. Y el “movie mode” como dice David: como si estuviéramos viéndonos en una película.

Ahora me queda confiar en la Naturaleza. Es sabia, la respeto, y espero que pueda seguir su curso en paz.

Como la vida, que sigue no matter what. Layla sube y baja cincuenta veces del tobogán. Canta su remix de “Tomorrow”, “Somewhere over the rainbow” y “La gata Lulú”. Y su risa levanta un camión de penas.

Después llora porque le digo que no podemos ver de nuevo “El Mago de Oz”, y al final grita “Baby no”.

“Mamá y papá están tristes porque el bebé que estaba en la panza de mamá se fue”, le había explicado llorando.

Vidita: cuando llegue a la tierra prometida, la única nuestra, en la que soñamos verte nacer, voy a plantar un árbol para honrarte, para recordarte siempre y no olvidar tus enseñanzas. Te soñé, conozco tu cara de ojos azules, grandes y tristes. Una cara sin sonrisa. Ojalá, viejo espíritu, que podamos volver a encontrarnos alguna vez. Ahora, estoy lista para dejarte ir. Siempre supe que algo no andaba bien. Tristeza, oscuridad, no te encontraba a veces.

Gracias a todos por la avalancha de amor. Gracias por acompañarnos en estas diez semanas de ilusión, y en este tiempo de duelo.

Foto: El camino es un misterio. Tomada este verano en las Rockies.
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