¡Cine, Cine!

Angustia del octavo mes, Películas, Sarasota-Florida, Test 1.023 Comments »

Anoche vimos “Slumdog Millionaire” y flipamos. El mensaje: Never give up. No te rindas. No pierdas de vista la meta, ni te quedes sin cencerro. No pierdas el sentido del humor. Ni del amor. Sigo de Danny Boyle desde los 90, desde esa noche de lluvia en la que fuimos al Cine Cervantes con mi amiga Silvia (El Gordon). Queríamos ver un thriller y aunque no teníamos ni idea de la película ni del director, entramos a ver “Tumbas al ras de la tierra” (Shallow Grave). Y flipamos en la sala vacía. A la salida le pedí al acomodador si me podía guardar el afiche, y desde entonces me ha acompañado en todos mis hogares argentinos.

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Miércoles 23 de septiembre de 2009. ¡Primera vez de Layla en el cine! La película honrada: “El mago de Oz”, estrenada hace 70 años y que hoy volvió a los cines de todo el país. Sólo por hoy. Fuimos de noche -como le corresponde a una porteñita-, y ya puedo respirar tranquila: ¡A Layla le gusta el cine! Cantó “Rainbooooow” con Dorothy, bailó y aplaudió con los enanitos al compás de “We’re off to see the Wizard, the Wonderful Wizard of Oz”. Y claro que no se privó de comentar ni un detalle -a pesar de los “shhh” de los vecinos-.

Se durmió justo cuando Dorothy es capturada por la Bruja mala del Oeste, y se despertó con los aplausos finales. Lo primero que dijo fue “Again!”. Esperamos a que se vaciara la sala para salir -viejo truco para prolongar el placer-, y nos fuimos despacito, los tres de la mano. En la puerta del cine a Layla se le piantó un lagrimón: “Bye bye, movie”…”No te preocupes hija, vamos a volver”. La semilla cinéfila había sido plantada.

Con ustedes, Dorothy:

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“Me voy de casa ahora mismo”

Angustia del octavo mes, Libros, Nuestra vida en Seattle 146 Comments »

Había una vez un conejito que se quería ir de casa.
Un día le dijo a su mamá:
-Me voy de casa ahora mismo.
-Si te vas de casa -le dijo la mamá-, correré tras de ti, pues tú eres mi conejito querido.
-Si corres tras de mí -dijo el conejito-, me convertiré en trucha y nadaré en el arroyo, lejos, muy lejos de ti.
-Si te conviertes en trucha y nadas en el arroyo -dijo la mamá-, me haré pescadora y te pescaré”.

Así comienza El conejito andarín, de Margaret Wise Brown.

Todas las noches le leemos este cuento a Layla. David es el conejito, de voz muy aguda y tono desafiante. Yo soy la mamá, y hablo con mi voz aburrida.

Ya mismo voy a exigir un cambio de roles.

Layla no había cumplido los ocho meses todavía. Estábamos en la clase de música para bebés que tomamos durante el invierno.

De pronto, mi chiquita empezó a gatear, y por primera vez en su vida, se fue solita, me dejó.

Me miró, le sonreí, y siguió su camino para saludar a May y a su abuela, nuestras amigas japonesas. Se dejó mimar por esa abuela postiza y al rato volvió a mi.

Yo estaba orgullosa y feliz, claro. Ese había sido su primer paso hacia la independencia. Pero…mi corazón se estrujó al ver irse a mi conejita andarina.

Cabellos al vientoCabellos al vientoCabellos al viento

Al día siguiente, en casa, Layla decidió explorar el baño. Yo la seguía de cerca pero en silencio. Ella se entretuvo un rato con este nuevo espacio descubierto, pero de pronto se puso a llorar desconsoladamente.

Parecía atemorizada. Una vez aupa mío, me abrazaba como si quisiera evitar ser arrastrada por un tornado.

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