
Foto: Davsans (Flickr Creative Commons)
La historia es así: Una madre escribió en el foro de un sitio dedicado a la maternidad:
-”Hola, tengo una beba de un año, que se despertaba siempre por las noches, hasta llegar a despertarse cada media hora, ya que se dormía en brazos. Decidimos con mi marido utilizar el “Duérmete niño” y dejarla llorar. Y funcionó. Cada vez lloraba menos, y dormía toda la noche ¡Dormimos tres noches seguidas sin despertarnos! Al tercer día por la tarde se tiró de la cuna al piso, por suerte no le pasó nada, pero ya no puedo dejarla llorando hasta que se duerma, así que después de la mema, le canto y la abrazo un rato más, la pongo en la cuna y me quedo al lado. Pero se para y me abraza, y no quiere acostarse, se pone a llorar y si me alejo se tira de la cuna. Yo la voy acostando pero ella se para otra vez, y yo me duermo parada…¿Sigo igual? ¿Se cansará? ¿Qué hago? gracias, V.”
Mi amiga Paola le respondió con el texto impecable que transcribo a continuación, y que publico con su permiso. Paola es mamá de tres hijos preciosos. Es además educadora del parto respetado, acompañante del nacimiento, y terapeuta de Flores de Bach (mi terapeuta). Vive en las sierras cordobesas, su página Web estará disponible muy pronto, y es una diosa.
“Me hace acordar lo que vivo cada noche…Cuando me casé le pedí a mi marido que durmiéramos juntos, porque necesitaba tenerlo cerca y sentirlo. Estaba muy enamorada, y obviamente me imaginaba que él querría lo mismo.
Pero resulta que no era así, y mi marido decía si yo estaba a su lado él no podía descansar bien. El dia que me planteó eso, ufff, le hice un escándalo… Así que él me encerró en la pieza con llave, y yo me puse a llorar, le supliqué, y volvi a llorar, pero él no abrió la puerta.
Las noches sucesivas fueron iguales, imagínense, yo me sentia tan desamparada, tan poca cosa, el amor de mi vida no sólo no quería compartir la cama conmigo, sino que tampoco le importaba que llorara ni que me angustiara tanto la situación.
Al poco tiempo me enfermé y él me llevo al médico (no aclaré que durante el día era muy cariñoso, muy comprensivo, me llenaba de regalos y de mimos, el problema comenzaba siempre a las 22 horas). Y cuando al doctor le conté lo que me hacía todas las noches, exploté, y ante mi asombro, el médico le dio la mano a mi marido y le dijo, “Lo felicito señor, es muy bueno el método que está aplicando a su esposa para que aprenda a dormir sola”.
Ahí no luché más, no lloré más, “la cosa es así”, me dije. Todas las noches me duermo abrazada a la almohada, dejando deslizar alguna lágrima, extrañando ese amor que me abandona al apagar las luces.
¿A alguna le pasa lo mismo?”
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