
Foto: Photokappa (Flickr Creative Commons)
Debbie Diaz es una partera de Puerto Rico, y coordinadora de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN). Es, además, mi nueva amiga.
La contacté porque estoy escribiendo un artículo sobre el parto humanizado para la Fundación Diversidad Divino Tesoro, y le pregunté: “Debbie, si tuvieras que responderle a una mujer embarazada por qué atravesar el dolor del parto, ¿qué le dirías?”. Ella me respondío extensa y sabiamente. Para mi artículo solo usé un par de párrafos, así que aquí publico el resto con su autorización, ya que me dijo: “Laura, publícalo donde mejor creas va a ayudar a las madres”.
Las sensaciones del parto, por Debbie Diaz
Las sensaciones de las contracciones del parto son saludables y tienen su razón de ser parabién físico y emocional. En el aspecto emocional, la respuesta física y hormonal custodia la satisfacción, y se relaciona a la protección y sensibilidad de la madre hacia su bebé.
En lo físico, provee a la madre las señales para mover su cuerpo a favor de las rotaciones fundamentales del bebé. Las sensaciones del parto dan libertad, y promueven una experiencia individual marcada por ritmos, circunstancias, ritos y tiempos.
Las sensaciones del parto en general son unas de las más intensas que puede sentir un ser humano. A su vez, el nacimiento es uno de los pocos acontecimientos donde el dolor es salud.
En las sensaciones de parto existe una cadencia -en cada parto es distinta- que dirige a la madre. Las sensaciones pasan de ser tolerables, cuando la mujer siente la excitación de saber que pronto tendrá su bebé en los brazos; se van intensificando hasta que la mujer se ensimisma; y finalmente se tornan maravillosamente intensas hasta el punto en que la madre percibe, en muchos casos, que su ser y su cuerpo trabajan separados y al unísono.
Las sensaciones en su intensidad – antes y al comienzo del reflejo de expulsión- ayudan a lograr el fenómeno del sueño entre contracciones: un cansancio exquisito, necesario, determinado por la naturaleza y que produce un sueño profundo entre contracciones. Esta parte del proceso de parto ayuda –junto a otras cosas- a renovar energías y suplir fuerzas para terminar el parto y establecer la lactancia inmediata.
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