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Mar 16

-”Papá tene blue eyes. Y white tambén”.
-”Look mami, esos cowboys tenen muchas vaquitas”.
-”Layla mira fotos all day long!”.
-”Esta movie de monitos es very funny”.
(mirando un libro)
-”Este nene tene pink face”
-¿Y mami, de qué color es la cara de mami? (mientras hacía la pregunta me iba arrepintiendo).
(me mira unos segundos)
-Green, mami’s face es green.
(ay, los niños y su honestidad brutal).
-Layla, ¡tenés mucho hambre! Para mí que mañana cuando te despiertes vas a estar grande grande…como mamá y papá.
-Y sí, manana Layla va a ser gande y va a se una mamá.
(aaaaah)
(estrenando cama nueva, ella emocionada y feliz)
-Chau mami, eta es Layla’s cama, solo lugar pa Layla.
-OK, me voy, chau hijita, que descanses (mensaje subliminal: no estoy lista para dormir sin vos, hija mía, ¡noooo!)
(ella con sonrisa tiernísima de premio consuelo, medio timidona, medio sonrojada)
-Te amo mucho mami.
-¿Qué? No te escuché bien, mi cielo (viejo truco de madre).
-Te amo mucho, mami.
aaaah……ME TOO!

Tags: bilinguismo ingles espanol
Mar 09
Hoy empecé el día tempranito. Tempranito para mí y me pareció que también para El Bolsón. En todo el trayecto a mi primera clase de yoga no me crucé ni un solo auto. O el pueblo también se estaban levantando despacio, o ya se preparaba para el mediodía, no sé, pero todo estaba muy quieto. Me crucé eso sí con un perro con cara de malo, con varios caballos, y con una mujer que tomaba mate bajo el sol, en hojotas y emponchada con una bata de felpa azul. Nos dijimos “Buen día”.
Yoga.
La clase empezó en silencio. El silencio para empezar y para terminar. Respirar, relajarnos, abrir, y observar lo que hay, que no es bueno ni malo, y que simplemente está.
Yo no sabía que el “gestito de idea” de Carlitos Balá era la posición (mudra) de la armonía. Y que cuando lo hacemos -al menos en una clase de yoga y sin el chist-chist que hacía Carlitos con la boca-, estamos simbólicamente iluminando como podemos y con lo que tenemos, un fósforo, una fogata, una estrella, un sol, nuestro camino y el de las personas que nos rodean.
Volví a casa por el Camino de los Nogales, a puro sol, sintiendo esa imagen que nos dejó el maestro de yoga y que mil veces vi: las millones de lucecitas sobre el agua que parecen millones por el reflejo nomás, pero que son una sola.
El silencio. La luz.
Mar 05
Hace unos días recibí un mensaje en este blog a propósito de una entrada sobre el parto en casa: “Me gustaría que contara su experiencia la señora L.A., que dio a luz en su casa el 6 de febrero de 2010″ (las iniciales son mías; el mensaje tenía el nombre completo). Lo firmaba Laura Pavese.
Ayer, para mi espanto, supe que Laura Pavese es la Jefa de Obstetricia del Hospital de El Bolsón. Y también supe que L.A. es una desgraciada mamá que dio a luz a un hijo muerto. Sí, fue un parto en casa, y fue un parto sin asistencia.
No tengo palabras para referirme al sadismo del comentario de la doctora Pavese; creo que su mensaje macabro habla por sí mismo. Y ahora entiendo por qué muchas mujeres prefieren dar a luz en casa, aunque sea sin asistencia, antes que dirigirse al Hospital de El Bolsón.
Para información de Laura Pavese: según la Organización Mundial de la Salud dar a luz en casa, con la asistencia de una partera calificada o de un obstetra, es TAN seguro como dar a luz en un hospital. Y en el caso de un hospital con obstetras con tal grado de crueldad emocional, seguramente es MUCHO más seguro y pacífico.
Mis sentidas condolencias a la mamá que perdió a su hijo.
Tags: doctora laura pavese, hospital de el bolson, parto en casa sin asistenica
Mar 02

Foto: Tetando bajo un maqui, a la orilla del río Futaleufú, el día que cumplí mis 40.
(Casi) Dos años y medio desde aquella noche en la que Layla recién nacida se prendió a mi teta. Me quejé con la partera: “¡Me está mordiendo!”. “Laura, ¿cómo te va a morder si no tiene dientes?”. Así empezamos, y por suerte ése fue el principio y el fin de nuestros problemas.
A partir de entonces: teta, tetita y teti. En la casa, en la calle, o en el bar. Teta. A veces trato de imaginarme cómo hubiera sido nuestra relación si no hubiésemos tenido la teta. No puedo. Vuelvo a tratar y no puedo. La teta ha sido algo tan “parte integrante” de nuestra conexión que no se puede separar.
La teta que es a todo dar, la teta que tarde o temprano todo lo calma. Pacifica a los bebés y a las madres. Pacifica a la sociedad y al mundo entero si la dejan! La teta…
Estos últimos cinco o seis meses han sido de transición entre darle la teta a una beba, a demanda, a cualquier hora y en cualquier lugar, y dársela a una nena que crece y deja de ser bebé. Hemos tenido pequeñas crisis, pero las hemos pasado con más o menos paciencia (o paciencia “más o menos”).
Y aquí seguimos, ¡tetando!
Hemos negociado algunas tomas por ejemplo, reemplazado otras tetadas por historias, cuentos y canciones, y en definitiva nos hemos entendido mutuamente. Estoy feliz de no haber abandonado la lactancia, y estoy feliz por haber podido expresar lo que yo necesitaba sin culpas, con la seguridad de que cuando hay amor y respeto la gente -grande o chiquita, no importa-, se entiende.
Y con la certeza de que esa comunicación empática que tenemos Layla y yo es justamente gracias a esa Maga Teta que todo lo dio desde el vamos, desde que mi bebé salió del vientre buscando su lugar en el mundo, y en la teta lo encontró.
Y seguimos, y por ahora no puedo imaginarme como sería la vida sin mirar a esos ojitos verdes mientras toman la teta, o sentir esas manitos que me acarician el pelo y la cara, o ver reír a esa boca repleta de “la lete de mami, so good!”.
Ah, ¡cuánta felicidad, desafíos y aprendizaje me ha traído esta lactancia! Le estoy profundamente agradecida, la honro y la homenajeo cada día. Hasta que dure.
Y este posteo chiquito va dedicado a una grande de la lactancia: ¡Mi amiga Ale a la que quiero un montón! ¡Un abrazo enorme, querida!
Tags: Lactancia, lactancia prolongada
Feb 25
Mi amiguísima Any me regaló una remera estampada con la carita divina y mágica de Amelie. Y dice la leyenda que era la única remera de su tipo que quedaba en toda Mar del Plata, y que Any tuvo que recorrer la ciudad entera para conseguirla.
Hoy me la estrené. Y algunas cosas mágicas me pasaron en el camino:
-Me reencontré con una bella mamá embarazada a quien había conocido diez días atrás en la cola del supermercado. Esa tarde fui duramente reprendida por mis compañeros de fila por no haber dejado pasar a una embarazada. “Ay, no me di cuenta, ni te vi, mil disculpas” (fue el mismo día que andaba boleada, que me olvidé la tarjeta en el cajero y tropecé con un viejito ciego). “No te preocupes, todo bien”, me respondió a pura honestidad y sonrisa. “Hoy es mi fecha de parto”. “Bueno, mucha suerte, y hacete esperar y que tu bebé llegue cuando sea su hora, ¡ay, qué hermoso te queda ese vestido azul!”.
Hoy nos cruzamos de nuevo en la calle -”¿seguís embarazada?”-, y ahí nos quedamos conversando un largo rato. “Ya casi pasaron dos semanas desde mi fecha de parto”. “¿Y tu obstetra?”. “Me espera, me quiso hacer un tacto hoy y le dije que no, me insistió y le volví a decir que no”. Me contó que su parto anterior fue casi en la semana 43, sin goteo, sin intervenciones, sin episiotomía, y que el papá cortó el cordón umbilical cuando dejó de latir. Eso sin haber escuchado una palabra del parto respetado. De puro instinto nomás, y gracias a una obstetra que la escuchó (”porque nunca fui prepotente pero sí le dije lo que necesitaba, y ella me entendió”).
Nos despedimos con un abrazo panza de por medio, las dos medio emocionadas, diciéndonos cosas lindas, y esperando que su segundo hijo llegue al mundo con el cambio de luna “como pasó la vez anterior”. Linda Mamá S. vestida de azul, tan iluminada y verdadera y conectada con tu cuerpo y tus sentires: que tu hijo llegue cuando los dos estén listos, en el momento perfecto, que los miedos sean vencidos y que sean muy pero muy felices.
Lo que sigue es una listita de detalles que me hicieron volver a casa sonriendo como la mismísima Amelie: el bicicletero que me arregló la bici gratis; el colectivero que anduvo despacito detrás mío por tres cuadras para no pasarme (caballero al volante); y la mujer con la que nos detuvimos al mismo tiempo en la bicisenda -árbol de por medio- para dejarnos pasar mutuamente (damas al manubrio).
Al llegar al barrio me encontré con Layla y David que volvían de trabajar en el terreno como todas las tardes, los dos con cara de contentos (qué alivio). Ella con jeans y vestido, el pelo peinado con dos colitas y moños, y la cara embadurnada de barro y dulce de leche…
Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

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