Dos postales tuvimos pegadas siempre en las heladeras que nos acompañaron los últimos años: una del Cerro Piltriquitrón, y la otra del Río Azul (Azul de nombre y azul su color). Empezamos el año caminando sus orillas ¡Les deseo un buen río para el 2010, mucha agua clara, y mucha fluidez! Más fotos acá.
Parece que fue ayer que el mundo se alistaba para recibir a ese “Año 2000″ que tan esperanzados nos tenía, ¿no? Y ya pasaron diez años. Wow. Como dijo alguien por ahí: “Me siento vieja hoy”. Y con muchos recuerdos.
En esta década me pasó de todo: me enamoré de un hombre lindísimo, nos casamos, me fui a vivir a su país, tuvimos una hija preciosa, volvimos a vivir a mi país. Hicimos aventuras emocionantes. Perdimos un embarazo.
“Llevás un buen corazón, pero lo llevás triste”, me dijo hoy una gitana, agradecida por el puñado de frutillas que compartimos.
Acá en casa no celebramos casi ninguna de las “fiestas”, y más bien celebramos cuando nos pinta. Pero el Año Nuevo me encanta. Me emociona saberme hermanada con millones de personas que, casi al mismo tiempo, tenemos esperanzas en serio. Y le pedimos a las estrellas, a Dios, a la Diosa, a los árboles y al Universo. Nos damos permiso para DESEAR con todas nuestras fuerzas ¡Y los buenos deseos para los demás también son en serio!
El Año Nuevo es festivo y poderoso en la intención. Es recomenzar, quemar lo viejo, estrenarse algo nuevo, liberarse, perdonar y perdonarse, proponerse cambiar. Hasta el más escéptico y amargón sentirá alguito de eso, no me digan que no. Al menos por el par de horas que dura el encanto de la noche y el champán.
Dicen las viejas que el año que comienza será como el último día del año que se va. Que el 2010 me traiga entonces lo que me trajo este día:
-amigos (nuevos, viejos, todos reales).
-más mujeres de la tribu errante “Del Cencerro” -errante hasta ahora, ¡mucho ojo!-.
-una familia fuerte.
-lluvia, sol, arcoiris, frío, calor (sí sí, todo eso pasó hoy).
-risas, lágrimas y emoción.
-pan dulce, buena comida, cerveza artesanal negra (¡qué no falte jamás!).
-un pueblito en la Patagonia…
-Y ese deseo en secreto que casi no me permito desear, y cuyo nombre soplaré hoy a las estrellas.
Así que….
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¡¡¡FELIZ 2010!!!
¡¡¡Y que TODOS sus deseso sean órdenes, mis amigos y amigas!!!! ¡CHIN CHIN!
Otro arcoiris (el último del año) sobre el Cerro Piltriquitrón:

El mejor regalo: una familia sana y feliz, que está donde quiere estar, y andando -por ahora- el camino que desea. Una nena que es mil luces de Navidad. Comida fresca de la tierra, de acá nomás. Pan amasado por una señora, y el día entero paseando por un pueblo bonito.
Un nogal de tres años en el centro de la cocina. A él, que pronto va a ser plantado en nuestra tierrita, le contamos al oído nuestros deseos. Uno por persona. “Soplar la vela” fue el de Layla, obsesionada por la vela naranja que no podía apagar por más fueza que hiciera, y focalizada como siempre en el presente, en estado de perpetua meditación…
Y en un momento de la noche sin reloj…”Hey guys, there is something by the tree, in the kitchen”. La cocina seguía oscura, iluminada sólo por la vela, pero ahora la puerta estaba abierta y entraba el viento frío. Y…Y…Y…¡Y bajo el árbol había un par de zapatos rojos, brillantes y mágicos “como los de Dorothy“!
Los zapatos le calzaron perfectamente a su dueña, como si hubieran sido fabricados para ella, allá en la mismísima Tierra de Oz.
¿Será que cuando gran parte de la humanidad acuerda en que una noche es mágica, es mágica nomás?
“Árbol gave Layla those shoes”…¡Y felicidades para todos ustedes, todos los días y todas las noches! ¡Chin chin!
La familia: Julio de espaldas, y mis anteojo siempre torcidos…¿o será mi cara?













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