Notitas del día en el que nació L.B.

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Durante el 22 y el 23 de diciembre que pasaron estuve tomando notas mentales todo el tiempo. Detalles que no quería olvidarme jamás. Como no quiero ser indiscreta, nombraré M. (Madre) a la mamá de esta historia, y L.B. (La Bebé), a su hijita recién nacida.

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-Las señales de que el parto era inminente comenzaron un día antes. Las chicas (de Familia Natural) empezamos a soñar, a sentir.
“Hace un par de horas tuve un pensamiento volador (de esos de bruja) y pensé que M. estaba en pleno trabajo de parto”.
“…Estabas en una casa, como si fuera una cocina grande y había tres mujeres con vos, ayudándote y alentándote”.
“Anoche antes de dormirme vi las fotos y te leí, después soñé con el parto de L.B, era una imagen muy clara.”

El 22 a la tarde Laya se despertó de su siesta. “¿Sabés quién vino, hija?” -le pregunté, por el padre que había vuelto a casa-. Y ella me respondió con un nombre propio que había escuchado muy pocas veces antes: “L. B.”.

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Chateábamos con M. Ella también, cómo no, sentía la electricidad del nacimiento. “Andá a sacar fotos, que pueden ser las últimas del embarazo”. Tenía contracciones cada ocho minutos y sesenta segundos. Se cortó mi conexión a Internet. Salí a mirar las estrellas, prendí un incienso. El viento era muy fuerte, y los álamos cantaban su canción noctura.

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En la mañana del 23 nos encontramos con una nueva discusión: “El nacimiento de L.B.”. Esperábamos leer el relato del nacimiento, pero no, era un parte conciso y casi urgente de M. sobre el comienzo de su trabajo de parto. Lo último que supimos fue que a las dos de la mañana “me puse a limpiar la cocina y una súper contracción me tiró al piso”. Había sido ésa, LA contracción, la súper contracción que todas podemos reconocer, en la que tenés que dejar de hacer todo lo que estás haciendo y entrar en Partolandia.

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Pasamos el día esperando noticias. Emocionadas, juntas en un círculo, acompañando este nacimiento como se acompañan todos los nacimientos: con miedo, con confianza, con incertidumbre, recordando nuestros partos, y con la seguridad que éste también iba a tener un final feliz. Todas haciendo nuestro el deseo poderoso de M. de lograr tener un parto vaginal después de su primera cesárea.

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“Siente, que el momento llega, siente tus huesos son fuertes, siente estamos ayudando, lo divino está contigo…Siente, la niña está en la puerta, vivirá para abrazarte…Siente, tus huesos son fuertes”.

50 respuestas a la discusión “El nacimiento de L.B.” en menos de dos horas…

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En El Bolsón había nevado, no en el pueblo, pero sí en lo alto del Cerro Piltriquitrón. Después, con la tarde, llegó el esplendor del arcoiris. Yo sentía que nada de esto era ajeno a la llegada de L.B.

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Finalmente recibimos la feliz noticia: “¡L.B. nació en casa, como a la 1 de la tarde hora local!”.

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Los detalles no saldrán mi boca. M. y L.B. están en su casa, juntitas, anidando, teteando mucho seguramente, y recuperando energías. Nunca voy a poder olvidarme de la intensidad de esos dos días en las que todas acompañamos a M. durante su trabajo de parto.

No es que haya pensado que emociones así no fueran posibles. Yo sé bien -porque lo he vivido-, que cuando una siente que no puede y está a punto de rendirse, piensa en las otras, en las amigas, en las compañeras, en las madres y en las hermanas, en las que fueron y en las que serán. Y como una es lo que piensa y lo que siente, se transforma en TODAS, y hace lo que tiene que hacer: llora y se cae, grita y sangra, pero se levanta, se lava las heridas del cuerpo, puja a su hija. Siempre pa’lante, ya no con la fuerza de una, sino con la de TODAS NOSOTRAS.

¡Bienvenida L.B. a este mundo! ¡Felicidades M., P. (Papá) y hermano mayor! ¡Qué tengas una vida hermosa, chiquita! ¡Ya tuviste el mejor comienzo posible: nacer en esa familia! ¡Y para vos M., lo mejor siempre lo mejor! ¡Chin chin!

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“El nacimiento de Guillermina”, por Luisina

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Inspirada por la Semana Internacional del Parto Respetado (que termina el domingo), decidí pedirles autorización a las amigas de la Red Social Familia Natural, para ir publicando de a poco sus experiencias de parto. Gracias chicas por la generosidad y la inspiración. Sus relatos seguramente ayudarán a otras mujeres a tomar decisiones conscientes y seguras para el nacimiento de sus hijos.

Guillermina nació a través de una cesárea necesaria, pero Luisina -la mamá- está convencida de que podría haberse evitado si sus emociones durante el embarazo hubieran sido diferentes. Gracias Luisina por compartir tu experiencia ¡Y felicidades por Guille, que cada día está más preciosa!

“Tuve una cesárea que no viví mal. Digo, no lo viví como una mala experiencia…ni como que me estaban estafando. Creo que solita me puse ahí: hubo emociones mías y una desconexión profunda con el embarazo que me llevaron derecho al quirófano.

Poco antes de los seis meses me diagnosticaron oligoamnios (insuficiente líquido amniótico), y tuve que hacer reposo por el resto del embarazo. Reposo total y absoluto: sólo podía ir al baño. Mi beba nunca se dió vuelta, quedó sentada con la colita apoyada en mi pelvis y las piernas en canastita. Era imposible que saliera así. Imposible al menos para mí.

No me cuestiono la cesárea…me cuestiono por qué no pudo ubicarse para nacer, por qué no quise dejarla salir…qué cosas hubiese ganado y cuáles perdido. Qué profundos temores guardaba tan adentro…me lo pregunto cada día.

Aún así, no fue una cesárea cien por ciento respetuosa. Mi marido no me acompañó. Y no lamento tanto el haber estado sola como el hecho de que a David le “robaran” el primer llanto de su hija, la primera respiración. Me duele profundamente que se haya perdido de ver nacer a su hija.

Recuerdo absolutamente todo con claridad. Fueron muy medidos con la anestesia. Del momento cúlmine, recuerdo dos frases: “Bienvenida Guillermina” dijo mi médico obstetra, y el anestesista: “¡Ya sos mamá!”, y me dió un beso en la frente. Había un silencio absoluto en el quirófano, me acercaron a Guille envuelta en una toalla azul marino, su carita toda blanca por el unto sebáceo y esos ojos bien abiertos. Nos miramos uno, dos, tres segundos, pero los recuerdo como si fuera hoy, ¡¡¡qué impactante!!!

Lamentablemente se la llevaron a Neonatología porque tenía distrés respiratorio. Nació en la semana 37 por oligoamnios (para esa fecha ya estaba en 1, lo normal es entre 5 y 10). Seguramente algún otro obstetra hubiera programado la cesárea mucho antes. Le agradezco a mi médico por jugarse a “aguantar” con todo lo que eso implicaba.

A la hora y media Guille ya estaba conmigo.

El parto que viene: bueno, si tengo otro hijo, ¡ojalá que pueda conectarme mejor con el embarazo y se ubique bien! Ya no tener ningún problema en el embarazo sería una gran cosa. Si nace por parto vaginal, ¡mejor! Y si me toca cesárea de nuevo, ahí iré yo con la ley en mano (y por qué no un escribano) a exigir que se cumplan mis derechos.”

Más información sobre tus derechos a la hora de dar a luz (parto vaginal o cesárea), click aquí (Dando a Luz-Derechos)

También: la partera mexicana Mirna Amaya habla los bebés que están posicionados en podálica o pélvica. Click acá.

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“El nacimiento de Delfina”, por Cecilia

Cesáreas, Historias de nacimientos, Semana mundial del parto respetado 2009 806 Comments »

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Inspirada por la Semana Internacional del Parto Respetado 2009, decidí pedirles autorización a las amigas de la Red Social Familia Natural, para ir publicando de a poco sus experiencias de parto. Gracias chicas por la generosidad y la inspiración. Sus relatos seguramente ayudarán a otras mujeres a tomar decisiones conscientes y seguras para el nacimiento de sus hijos.

Delfina nació a través de una cesárea muy traumática para su mamá. Una cesárea que fue el final anunciado de una cadena de intervenciones que empezó “como al pasar” en el consultorio de su obstetra. Una cesárea que dejó heridas. Gracias Ceci por compartir tu experiencia ¡Y felicidades por tu hija hermosa!

“Les confieso que desde que encontre esta comunidad, me di cuenta de que no tuve un parto. El nacimiento de Delfi fue una intervención quirúrgica. Cero respeto hacia mi persona, cero respeto a la vida.

Mi fecha probable de parto era el 12 de octubre de 2008. El obstetra me dio esa fecha desde el principio. Lamentablmente, durante el embarazo no me informé, y en lugar de eso perdí mi tiempo buscando cunitas, ropita y mil pavadas para recibir a Delfi. Pero en ningún momento busqué información sobre el parto, la lactancia, nada. Me arrepiento, la miro a Delfi y me arrepiento.

A los tres meses tuve una amenaza de aborto, por la que pasé dos días internada, y después tuve que hacer reposo durante poco más de un mes. Eso fue lo único “raro” que me pasó durante el embarazo, por llamarlo de algún modo.

El 10 de octubre tenía control con el obstetra. El día anterior habíamos estado pintando el cuarto de Delfi, y a la noche me sentía muy cansada pero bien, no había tenido contracciones ni ningún dolor que me anunciara que estaba llegando el momento de parir.

Así que el 10 me levanté, desayuné y al mediodía me fui a ver al obstetra. Me acuerdo que antes pasé por el banco, a unas ocho cuadras del consultorio.

Ni bien llegué, el doctor me hizo el tacto y me anunció que tenía ya tres centímetros de dilatación. Me preguntó si había tendio contracciones, yo le respondí que no y ahí me dijo “Bueno, te voy a ayudar”…Me desprendió la placenta con unas maniobras bastante dolorosas para mí (¿habrá sufrido Delfi también?). Lo recuerdo y me hace mal, me entristece, me da mucha bronca. Me cambié y ahí mismo me dijo que vaya a la clínica porque iban a empezar las contracciones.

Llamé a mi pareja y le pedí que fuera a la clínica, que me llevara el bolso. Caminé las quince cuadras hasta la clínica: estaba ansiosa, asustada, no entendía nada, no tenía contracciones…

Llegué y ahí me encontré con toda la familia. Mis hermanso, mi cuñada, mi mamá, mi primo…Me dieron una habitación, y ahí esperé al obstetra. Hasta ese momento, las 6 de la tarde, no había tenido ni una sola contracción.

Llegó el obstetra, me hizo otro tacto, me dijo que había dilatado muy poquito y se fue. Cuando volvió (al ratito), me hizo un tercer tacto y dijo que ya había dilatado cinco centímetros. Ahí decidió romper la bolsa…¡Qué dolor, chicas! Al ratito empezaron las contracciones. Yo no podía respirar, no sabía, fue horrible. Delfi tenía un bracito sobre la cabeza y el obstetra me dijo que si esperábamos un parto natural habría sufrimientof fetal…Así decidimos hacer una cesárea..yo estaba en un grito, confundida, no pensé, no sabía, no estaba informada.

Me prepararon, me llevaron al quirófano, me aplicaron la anestesia epidural y no sentí nada más. No sentí nada de nada, veía como me movían las piernas pero yo no sentía nada. Fue raro, feo, triste.

Junto con mi obstetra había otras dos personas a quienes yo no conocía. Uno se puso atrás mío, y se subió practicamente a mi panza para empujar a Delfi, para arrancarla de mi vientre…Yo tenía mis brazos atados, como crucificada.

Delfi llegó al mundo A las 9:02 de la noche. No la parí, y es una sensación horrible. Dejaron que le diera un beso y se la llevaron con el papá, que no se despegó de ella ni por un segundo.

La lactancia costó mucho, muchísimo. Los primeros tiempos, además de la teta le dimos algunas mamaderas porque no lográbamos que se prendiera bien. Una vez que estuve en casa, tranquila con mi bebé, conociéndola, logré que se alimentara solo con mi leche, y así seguimos hasta hoy, teteando de lo lindo.

Durante los primeros dos días estuve practicamente postrada en la cama, tenía muchos dolores, no pude ni siquiera cambiarle a Delfi el primer pañal.

Y al obstetra, bueno…no quiero verle la cara nunca más.

Ese fue mi parto, que en realidad no fue un parto.”

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“El nacimiento de Vito”, por Dolores

Historias de nacimientos, Parto respetado 197 Comments »

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Foto: Dolores y Vito, a pleno sol.

Inspirada por la Semana Internacional del Parto Respetado 2009, decidí pedirles autorización a las amigas de la Red Social Familia Natural, para ir publicando de a poco sus experiencias de parto. Gracias chicas por la generosidad y la inspiración. Sus relatos seguramente ayudarán a otras mujeres a tomar decisiones conscientes y seguras para el nacimiento de sus hijos.

El primer relato es de Dolores, mamá de Vito. No voy a publicar los nombres completos de las parteras y del obstetra, pero pueden contactarse conmigo para obetener más información ¡Gracias Dolores, y felicidades por tu Vito hermoso!

“Prefiero arrancar con la conclusión: lo que más me dolió fue ver cómo todo lo que yo detestaba y odiaba para mi propio parto me estaba pasando, y que ya no había forma de salir. Durante esos tres días entré en un estado de desamparo total y me dejé hacer. Y con la eterna pregunta que me quedó: ¿Qué pasa si uno rompe bolsa pero el trabajo de parto no empieza?

Empecé a leer creo que desde el segundo o tercer mes de embarazo. Fui a una charla de Dando a luz que me terminó de abrir la cabeza, leí las revistas Creavida que me prestaron, incluso fui a una charla sobre el parto respetado.

Así que llamé directamente a Raquel S. y le pregunté si ella podía ser mi partera, para tenerlo en la clínica de mi obra social. Ella me explicó que sólo atendía partos domiciliarios o en su casa. Y me recomendó a una discípula suya, Diana R., que vivía cerca de casa (yo buscaba eso con mucho ahínco, que viviera cerca). Nos cayó muy bien, es una divina Diana. Hice la preparación corporal con ella, me gustó mucho.

Mi obstetra era mi ginecólogo, Gustavo S. Él ya sabía que yo iría con mi partera, que no quería episiotomía, que en lo posible prefería que cortara el cordón más tarde, y que quería parir sentada.

Mi fecha probable de parto era mi cumpleaños: el 16 de octubre. El 22 de septiembre Diana viajó a Córdoba por el fin de semana. Ese viernes a la madrugada rompí bolsa ¿Qué podía hacer? Me fui a la clínica, llamé a Diana que estaba en el micro casi llegando. Mi plan era hacer todo el trabajo de parto en casa, con ella.

Llegué a la clínica San Lucas (San Isidro, provincia de Buenos Aires), y claro, ahí empezó el show: me internaron, me acostaron, me hizo el primer tacto el obstetra de guardia, me dieron la primera pastillita de antibiótico…

Hubo que esperar hasta la mañana siguiente para que viniera mi obstetra. Le dije que no quería goteo, que quería esperar. Le pareció bien. Tenía muy pocas contracciones, al principio seguidas, pero luego mágicamente desaparecían.

Le pedí a mi marido que le avisara a mis padres, porque ellos habían planeado un viaje a Rosario. Ese fue mi primer error: toda la familia turnándose para visitarme mientras yo estaba en medio de ese dudosísimo trabajo de parto.

Las enfermeras siguieron trayéndome las pastillitas del antibiótico el sábado y el domingo. Y venían con la orden de “mejor no te levantes”. Pero me puse “perra”: cuando empezaban las contracciones necesitaba estar sentada, así que le pedí a Carlos que me trajera el sillón de la sala de espera, no pensaba pasar la noche con contracciones y acostada.

Me lo trajo: era uno de esos sillones tipo ingleses, gigantes y pesados. Cara de incredulidad en el piso. Yo seguía insitiendo en que no quería goteo. Mientras, seguía del desfile de visitas en el cuarto ¡como si Vito ya hubiera nacido! Ni Carlos ni yo supimos manejar nada. Por eso yo quería a Diana conmigo, pero no podía hacer nada.

Ni mi personalidad ni la de Carlos nos ayudaron a echar a todos de la pieza. Así seguí hasta el domingo a la tarde, cuando mi obstetra me dijo que hasta ahí esperaba, me dijo que vendría su partera. Llegó la partera, a quien jamás había visto, se presentó y me dijo que iba a ponerme la vía y hacerme otro tacto (creo que fueron tres en total en esos días, lo más doloroso del mundo, más que las contracciones).

A los tres minutos me dije que se iba a ver a otra chica en otro sanatorio. Cuando volvió, yo ya estaba chillando como una loca. Me pusieron en la camilla, mientras la partera hablaba de cualquier verdura. Me pusieron en una camilla en el pasillo, yo pidiéndole si por favor podía parir sentada, que pusiera las pieseras, gritando, y esperando mientras limpiaban el quirófano del parto anterior.

Anestesia. Sala de partos. Le pedí por favor -de nuevo-, que quería sentarme. La anestesia hizo efecto, tres pujos, la partera bien despectiva…Sólo el chico del monitoreo me agarró la mano, recuerdo su voz dulce con tonada del interior.

Vito nació con un “plop”. Yo no sentí nada. Veía a todos pendientes de mi vagina como en una película, y yo inmensamente triste, anodadada, viéndolos a ellos, y totalmente consciente de esa nada que me estaba pasando.

Vito salió azul, así que ni me lo mostraron, y se lo llevaron para darle oxígeno. Carlos salió con él, el obstetra se quedó cosiéndome (también en la sala de partos le recordé que no quería que me corte…). Me dijo que me cosía un desgarro, “cinco puntos apenas”, dijo. La partera, apenas terminó de coserme y ni bien se fue el obstetra, me preguntó cómo arreglábamos el tema de los honorarios ¡Qué tristeza infinita!

Vito estuvo en Neonatología por dos días más, yo suplicando que me lo lleven a la pieza (no podía, “está con oxígeno”, me decían). También me pedían que descanse, que no me preocupara, que ellas le daban leche. Por supuesto fui, toqué la puerta y le di mi primera mamada ahí, en la Neo.

Fue desgrarrador, el pobre no tenía nada grave: nació deprimido como nacen casi todos los bebés en los partos medicalizados, calculen que yo estuve con antibióticos dos días.

Después vino la lucha para que me lo lleven. Y el colmo: cuando dijeron que Vito ya estaba bien, la jefa de Neo no me quería dar el alta porque “no me veía muy segura en mi rol de madre”. Claro, porque yo no pude aguantar y le pedí por favor que me lo lleven a mi cuarto, que quería irme. ¿Cómo iba a sentirme segura si no tuve ni tiempo de estar a solas con mi bebé? Nos quejamos, llamamos a otro jefe de Neo y finalmente nos dieron el alta.

Otro detalle: el anestesista lo primero que me dijo cuando me vio fue: “¿Así que vos querías una parto natural? Todas dicen lo mismo pero terminan pidiendo la anestesia”. Parece una frase hecha, una película de terror, pero no, así fue.

Chicas: Yo no había “soñado” un parto perfecto. Yo lo planifiqué todo lo que pude para que se pareciera a lo que ahora sé que es un parto fisiológico. Pero no se puede tener un parto ni mínimamente respetado en una clínica. Ahora entiendo lo que me dijeron las dos parteras: que era muy difícil, pero que haríamos lo posible.

Si alguna vez se me cruza por la cabeza tener otro hijo, va a nacer en casa. No tengo NINGUNA duda. La famosa cadena de intervenciones desde que entrás al hospital es la causa de todo. Ahora, ¿Por qué no me animé con Vito? “

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El nacimiento de Milo: “Gritaba de sorpresa, porque sentada como estaba ¡¡¡¡¡¡le estaba tocando la cabeza a Milo!!!!!!”

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La semana pasada les conté mi emoción por el nacimiento de Milo, el primer bebé nacido desde la creación de la Red Social Familia Natural. En ese momento tuve que morderme la lengua para no contar los detalles. Pero ahora Muma, su mamá, me autorizó a publicar su relato de este nacimiento que nos dejó a todas con el corazón explotando y lágrimas en los ojos ¡Qué lo disfruten!
Para leer la versión del nacimiento escrito por el papá de Milo, click acá.

“El domingo a la noche vimos una peli y después me fui a bañar, porque me moría de calor. Me estaba duchando y sentí algo, un movimiento brusco, diferente a lo que venia sintiendo hasta ese momento. Me acosté y le conté a Robert, pero me dijo: ya a esta altura pareces Pedrito y el lobo, así que nos reímos y me acosté. Al minuto vino Maxi a acostarse con nosotros, así que yo lo deje en mi lado y me levante, porque me había empezado a doler un poco la parte baja de la panza. Eran la 1.40 de la mañana.

Me levanté y al toque se despertó Manu, fui a verlo y le puse mi almohada porque tosía mucho, así quedaba mas levantado. Cuando me paré (estaba sentada), sentí un dolor bastante más intenso, y me tuve que quedar parada inmóvil un minuto o dos, y ahí comenzaron los dolores un poco más fuertes, pero no terribles, una cosa de menstruación fuerte, pero nada más.

Me fui al living y puse la tele, Spiderman 3 (nada de ponerme profunda a esa hora, jaja), y me senté en la pelota a rebotar un rato, porque los dolores eran cada vez más seguidos. Ahí pensé: espero un rato más y si siguen la llamo a Mirta, la partera, porque la idea nuestra era llegar a la clínica para el expulsivo, pero hacer toda la dilatación en casa. Seguí sentada en la pelota, cada tanto me paraba y caminaba, y cada tanto me asomaba a ver la hora en el reloj de mi mesa de luz, ya eran las 2.40.

Volví a sentarme en la pelota y ahí, ¡¡¡PLAF, se rompió la bolsa y se inundó todo el living!!! Agarré unas toallas y el teléfono al mismo tiempo, la llame a Mirta y le dije: ¿Viste que dicen que los bebés nacen de noche? Bueno, ¡rompí la bolsa! Ahí me dijo: bueno, ponete un apósito y acostate que voy para allá (aclaro que Mirta vive en Wilde, a 30 minutos de mi casa, por lo menos).

Lo desperté a Robert, y le pedí que pasara a Max a su cama, la llamé a mi hermana para que viniera a quedarse con los chicos e intenté acostarme, pero no pude, no podía ponerme en posición horizontal, necesitaba estar parada. A todo esto me había sacado la parte de abajo del pijama (un short) y estaba sólo en camiseta, no pude ponerme un apósito ni bombacha ni nada.

Al toque llego mi hermana (eran las 3 de la mañana) y yo estaba en el baño, sentada en el inodoro y gritaba… yo no soy de gritar casi nunca, pero me acuerdo que grité como nunca antes, pero no de dolor, sino de sorpresa, de impresión, porque sentada como estaba ¡¡¡¡¡¡le estaba tocando la cabeza a Milo!!!!!! O sea, estaba naciendo, ¡iba a salir en cualquier momento!

Ahí a los gritos le pedí a Robert que trajera toallas (eso es de lo que más me acuerdo, estaba pidiendo toallas todo el tiempo, jaja) así que Vero se quedó con los chicos en su cuarto y yo me fui para el living con Robert que tiró el cargamento de toallas ahí. Me senté otra vez en la pelota, le puse antes una toalla encima y automáticamente la toalla se empapo, seguía perdiendo mucho líquido.

Estaba sentada en la pelota y me venía una contracción, ahí me agarraba de las manos de Robert para bancar el dolor, y luego el dolor intenso pasaba y era como si nada. Así pasaron algunas contracciones más fuertes (yo no las conté, después Robert me dijo que fueron cuatro).

Ahí él me dijo: “¿Desinflo la pelota? ¿La llevamos? (a la clínica). Y yo le dije: “No, dejala por ahí”.

Entonces me puse de rodillas sobre las toallas y le dije: Robert, acá está la cabeza, va a salir en cualquier momento, llamala a Mirta. É la llamo y yo escuchaba como hablaban, cuando cortó me dijo que cuando saliera él lo iba a agarrar, que estaba todo bien…

Al toque decidí cambiar de postura, yo estaba de rodillas pero preferí seguir de rodillas pero apoyar las manos en el sillon, asi que quedé medio en cuatro patas, mirando para el respaldo del sillón.

Me saqué la remera y me acuerdo que le grité a Robert que no me toque, no podia soportar el mas mínimo roce, me poye con fuerza en el sillón y grité: ¡Y salió la cabeza de Milo! Ahí ya no habia dolor, sólo la necesidad de hacer fuerza, como levantando un gran peso. Al toque Robert me dijo: salió la cabeza, hace fuerza y que salga el resto del cuerpo (después me contó que Milo salió y se puso azul, y él se asustó muchísimo, por eso me pedía que lo saque rápido).

Pero no podía sacarlo, no venia la contracción así que era como si nada, no me dolía, pero no podía hacer nada. Al instante vino una contracción més e hice toda la fuerza posible ¡¡¡¡¡¡y salió!!!!!!

Robert lo envolvió en una toalla y me lo puso encima, el cordón era medio corto, así que me tuve que encoger un poco y quede así, en el piso, con Milo encima, que lloró un poquito y al toque se prendió a la teta. Ahí le pedi que vaya a buscar a mi hermana y él se quedó con los nenes, casi al instante vino Maxi a verlo, muy emocionado. Manu tardó un rato más, estaba mucho más impresionado.

Eso fue a las 3.17 de la mañana. A las 3.30 más o menos llegaron Claudia, la obstetra, Mirta, la partera y Leo, amigo nuestro al que Robert había llamado para que hiciera apoyo moral.

Lo primero que hicieron fue cortar el cordón, lo hizo Robert con ayuda de las dos, y yo seguia con Milo encima.

Después alumbré la placenta, para lo que me pidieron que me sentara en una sillita de partos y me pusieron un balde debajo y en un pujo salió la placenta entera. Claudia me la mostró y me explicó cómo funcionaba, se la llevo para examinar a la cocina y luego la guardamos para plantarla en el jardín (eso lo habíamos pensado aunque hubieramos ido a la clínica)

Después vino mi mamá, estuvo un ratito con nosotros y se fue con mi hermana y los nenes a su casa.

Yo me acosté en mi cama y me revisaron, tuve un desgarro mínimo que no necesitó puntos, bastante bien si consideramos el tamaño de Milo (4.100 kilos, lo pesamos ahí mismo, y 55 cm, pero no lo medimos en el momento sino al día siguiente). Al otro día vino el neonatólogo a verlo y lo encontró 10 puntos.

Qué les puedo decir, fue la experiencia más intensa de nuestras vidas, porque si bien yo consideraba la opción de un parto en casa, Robert la deshechaba totalmente, ¡¡y la deshechaba aunque el equipo médico estuviera presente!! Así que parir los dos solos fue tan fuerte que todavía no caemos en lo que pasó…

El martes 24 vinieron Claudia y Mirta a vernos, y Mirta me decía que aunque la hubiera llamado cuando comenzaron los dolores tampoco habríamos llegado a la clínica, porque fue todo tan rápido que si salía antes hubiera terminado pariendo en el taxi o en la guardia.

Así que me guardo para siempre el momento íntimo e increíble de haber podido parir a mi hijo solos, juntos, en equipo, la entereza de mi pareja, que pudo mantener la calma y la sangre fría y ser el mejor compañero, y que esa misma noche hayamos dormido los tres juntos en nuestra cama.”

Para leer la versión del nacimiento escrito por el papá (y partero) de Milo, click acá.

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