Cine: ¡Primera vez en dos años!

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A las 5.15 tengo una cita con Tasha y Heather, dos de las amigas de nuestro grupito de mamás y bebés. Vamos a ver “Away we go”, de Sam Mendes (el director de American Beauty).

Heather nos envió el tráiler de la película para consultarnos, pero la verdad es que yo ni lo miré. Leí las palabritas mágicas: ¿Vamos a cine este fin de semana?” y sin seguir con el resto le respondí con un contundente “YEEEESSSS!!!”.

Es mi primera vez en el cine después de dos años. Y la primera vez desde que Layla nació que hago una salida sola, de chicas, sin Layla y sin David.

¡La pura verdad es que por primera vez desde que nos mudamos a Seattle tengo un par de amigas que me invitan a salir!

……

Me siento confundida al principio. No me hallo tan livianita, con mi cartera casi vacía, sin pañales, sin otra muda de ropa, sin el cargamento de crackers, frutas y agua que llevamos a todas partes, sin los peluches de Layla…¡Sin Layla!

Pero enseguida me pongo a tono. Y las chicas también. Heather hasta toma un margarita. Charlamos de todo un poco. Pero sólo un poco de nuestros amorcitos.

Entro a la sala como si fuera una nominada al Oscar a la “Revelación del año” ¡Qué emoción, estoy de nuevo en el cine!

……

A medida que avanza la película -de la que no tenía ni idea-, me convenzo de que “Away we go” es el símbolo perfecto de mi regreso a las salas. Trata justamente sobre padres, madres e hijos. Perdidos, buscados y encontrados en un mundo cada vez más raro.

También la peli está en sintonía con este momento de nuestra vida. Empieza con un embarazo, continúa con una búsqueda, o muchas búsquedas (¡no digo más!), y termina con la llegada al lugar que más se parece a la idea que los protagonistas tienen de “destino”.

¿Les suena familiar?

Me rio muchísimo, lloro bastante, y me vuelvo a reir. Disfruto más de hacerlo al lado de otras dos mujeres, dos amigas, dos mamás ¡Qué alegría escucharlas reír y sentirlas cerca!

……

A la salida me acuerdo de Waitress, la última película que había visto en el cine, en Boulder, allá por 2007. También había sido por sugerencia de una amiga, tampoco yo sabía de qué se trataba, y también estaba en sintonía con ese momento de mi vida: había un embarazo, una búsqueda y una heroína (¡como yo!).

Cuando llego a casa -después de viajar con Heather en el bus y regalarnos con una charla extra-, son las nueve de la noche. Cuatro horas fuera de casa. Wow.

David y Layla están jugando, ella feliz, sin bañarse aún -y con el mismo pañal con el que la dejé-, pero lista para dormirse. David me cuenta que fueron a caminar e hicieron un picnic. Y que Layla preguntó por mí y él le contestó: “Mamá se fue con Heather y Tasha a ver una película de adultos” ¡Mirá vos!

Cena liviana de cerveza oscurísima y quesadillas con palta. Charlamos con David sobre nuestras cosas. Yo me siento bien. Tranquila, fresquita y despierta. Quiero que se repita antes del 30 (y las chicas también, ya nos hemos escrito e-mails contándonos lo bien que lo pasamos).

Y Colorín Colorado, esta día se ha terminado. O mejor dicho, a este día le ha llegado su: THE END.

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“Look mamá! Bebé sits!”

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Les confieso que suena muy raro que tu hija se te acerque emocionada -con un vestido a lo Sherley Temple-, y te hable en otro idioma para contarte que logró sentar a su bebé: “Look mamá! Bebé sits!”. Me parece medio irreal todavía.

Así como hay cosas que no cambian y que se repiten semana tras semana (pienso en mi estudiante de los miércoles, que escribe por vigésima vez en su cuaderno que “ lleva acento cuando es YOU, pero no cuando es YOURS”), el lenguaje de Layla evoluciona en cuestión de horas.

Tal como lo habían anticipado los que saben, Layla habla inglés y castellano como si fueran una sola lengua. Las combinaciones son una delicia: “Mucha people” (mi favorita), “Moto fast”, “Big arba” (árbol), “Otro bus”.

Repite todo lo que decimos, y a veces nos sorprende con sus propias creaciones: “Layla move away”, “Mami sleeping”, “It’s sunny!” (esta mañana), o “Layla caió, duele”.

Sí, leyeron bien: “caió”. La nena no me pronuncia la “y” y la doble “l” como una porteña…¿Qué he hecho yo para merecer esto? Nuestra amiga Tasha es “Taia” y los pollitos -que no comemos pero que vemos en libros- son “poitos” ¿Alguna sugerencia?

Otro detalle que me encanta es que a todas las palabras en inglés les agrega la “y” al final: “Hot” es “hotty”, “bug” es “buggy”, “block” es “blocky”. Y así.

Le encanta comunicarse, y a la gente le habla en su idioma: “Nena-Layla big huggy” (traducción: Layla y la nena se dan un gran abrazo), “Nene, agua Layla noooo” (Nene, no me tires agua).

A veces la entienden y otras veces yo tengo que interpretar. Pero después de todo, ¿no es así con todos los bebés? Como les escuché decir a dos nenes más grandes que jugaban con Layla en el arenero, los tres acarreando agua para hacer un “big charco”:

Nene 1: -No entiendo lo que dice la bebé
Nene 2: -Yo tampoco…Pensar que antes entendíamos el idioma de los bebés…
Nene 1: -Sí, ¡antes hablábamos el idioma de los bebés!
Nene 2: -Y ahora que crecimos no lo entendemos más…

(Layla tocó el agua con la que jugaban los tres, habían armado un río)

-Nene 1: Creo que la bebé está diciendo que le gusta el agua..
-Nene 2: ¡Sí sí!

Sonrisitas.

A buen entendedor, ¡poquísimas words! ;)

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Mudanza: ¡Pepepepepé!

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Esta mudanza tiene clima de Año Nuevo. Año Nuevo, Vida Nueva. Como esos 31 de diciembre llenos de papelitos que tanto nos euforizaban en los primeros ’80, cuando éramos ignorantes felices y no relacionábamos los papelitos con los árboles, ni con el carnaval de Gualeguaychú (¿había carnaval de Gualeguaychú en esa época?).

El 30 de junio (¡sí, ya hay fecha!) se termina un ciclo. Y el primero de julio empieza otra vida. Mejor, siempre mejor, porque como aúlla el Flaco Spinetta: “No todo tiempo por pasado fue mejor, ¡mañana es mejor!”

La vibra de esta mudanza es desprendernos de las cosas. Y no desgarrarnos, como hicimos antes. Regalar, vender, o simplemente dejar lo que no encuentra rumbo en la vereda de casa, con un cartelito de “FREE” (que no es el mismo “Libre” de la Balada para un loco, ¡cua!).

Nos vamos de Seattle con lo puesto, lo que somos, lo único que realmente tenemos: la vida, las risas, las emociones, los recuerdos, la música que suena en los oídos.

En las pocas cajas que nos llevamos hay fotos, recuerditos, y solamente un par de esas “viejas cartas que hablan del pasado”. El resto irá a una gran fogata que ya disfruto de antemano. Que el pasado habla por sí mismo desde donde está guadadito, y los recuerdos vuelven cuando tienen que volver y sin que nadie los llame.

Así que, literalmente, ¡a tirar la casa por la ventana! ¡Quiero irme! ¡Quiero volarrrrr!

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Picnic de “¡Hasta siempre, amigos!”

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¡Disfruté muchísimo de nuestro picnic! Fíjense que junta de gente linda, grandes y pequeños, todos preciosos y con el corazón contento ¡Hasta siempre, amigos! Acá pueden ver el resto de las fotos ¡Gracias a los fotógrafos Tasha y Steven!

Alex, Rachel, Rebecca, Tasha, Aesop, Laura, David, Amy, Adia, Jai, Nora, Heather, Todd…Y Layla llegando! (Steven es el fotógrafo)
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Movie stars
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Layla, Rachel y Lau de la mano…un símbolo de la amistad que continuará a pesar de las distancias…snif!
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Qué sueñen con los angelitos…

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No. No es que este blog se ha convertido en un blog de fotos. Volverán las palabras muy prontito. Es un tiempo de paz quieta, de reflexión y de acomodamiento. De esperanza anaranjada. Además, el calor que nos ha empujado hacia afuera. Agua, playa, picnis, lectura bajo los árboles. David está trabajando solamente desde casa y el sol se pone después de las nueve de la noche, así que andamos los tres de acá para allá, en un estado de perpetua vacación, felices, organizando la mudanza de a poquito, viendo como cada cosa encuentra su lugar…

Y así se durmieron mis amores la otra noche, con las ventanas bien abiertas para refrescar el aire:

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