Recién llegamos de nuestro paseo diario por el Green Lake. El viento fuerte de ayer terminó de pelar los árboles. Todavía quedan algunas hojas, pero ya se van yendo.
Los árboles del fondo de casa están flacos y pelados. Y llueve mucho. Son las cinco, y ya ha empezado a oscurecer.
Me da miedo esta parte del año que ya llega. Frío, lluvia y oscuridad. Y un sol tacaño que nunca me calienta lo suficiente.
Nos mudamos a Seattle en enero de este año, así que éste será nuestro primer invierno completo acá.
Quiero llenarme los ojos de los colores de este otoño, el más hermoso que yo haya vivido. Por colorido, por tibio y por generoso.
Y por ser el primero de mi Layla, que descubrió el placer de caminar sobre las hojas secas, y apretujarlas con las manos y volver a correr con los pedacitos de hoja pegados en el pelo…
No te vayas todavía, lindo otoño, quedate un poquito más…
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Mira los dientecitos de Layla!!
Y también tiene cuatro muelitas, jaj!!
Ay Layla…qué hermosa que sos
Gracias, Viole!! Soy hermosa y buena y una bombona como dice mi mamá! Besos, Layla
Septiembre 23rd, 2009 at 12:59 am
[...] Calor, me agotás. Te banqué en el Caribe y en la costa del Pacífico. Cafecito, plátanos y amores de verano. Te banqué en las nochecitas porteñas de fiestas y festejos. Pero acá en los suburbios chatos de la Florida, de barrios de casas todas igualitas y calles estériles/con las mismas palmeras y las mismas flores de plástico/bolsas de cebolla que ya viene picada/platos de papel/garajes que se abren con botones/y vidas de Diet Coke, no te banco más. Necesito que llegue mi otoño, uno lindo y largo…¿Llegará? [...]