Cuarenta años ya. Wow. Si parece que fue ayer que cumplí los 15, toda vestida de broderie blanco y con cintas de raso recogiéndome el pelo.
Cuarenta años, y voy a dejarme crecer el pelo nuevamente -aunque prometo que las cintas seguirán en el cajón-.
Me repito “cuarenta” y no lo puedo creer. What a number, dude! Cada vez que voy al supermercado dejo mi mochila en el casillero 40, para ir habituándome…Y aún así, cuando no está disponible, me alivio en secreto de poner mis cosas en el querido 39.
(qué simbología: dejar la mochila, 40…¿será?)
Con la entrada a esta nueva década, me ha embrollado la insoportable mortalidad del ser, y parece que eso te hace aferrarte a cada segundo de la vida con pasión, y sentir que hay que vivir el presente, el momento en que estás, y creer que en las pequeñas cosas está el verdadero sabor de la vida, y qué pucha que vale la pena estar viva…Y para rematar: ¡sentís de veras que lo mejor está por venir! Es decir: te volvés una frase hecha…Perdón, una mujer hecha (¡pero no terminada, eh!).
Cuarenta años y muchos sueños por perseguir.
Sueños que sueño mientras pedaleo mi bici contra los vientos patagónicos, y admiro los cerros y el cielo azul y siempre con la misma canción sonando en la cabeza. Sintiéndome una heroína desconocida porque sí, el número me asusta (más que asustarme me sorprende, ¿cuándo pasó tanto tiempo?) pero no me paraliza.
El sábado tendré cuarenta años y el domingo, cuarenta y un día. Y la nave seguirá yendo como hasta ahora. Casi me parece que fue en otra era cuando zarpó. Y habrá nuevos pasajeros, cómo no, y yo seguiré llevando el timón (o el manubrio) lo mejor que pueda. Contra viento y marea.
¡Muy feliz cumpleaños a mí entonces! ¡Y espero cumplir cuarenta al menos dos veces más!
“¿Por qué la claridad viene después de que nos arriesgamos? Hoy, no esperes a tener el cien por ciento de claridad para actuar. Sigue a tu instinto y deja que la voz de la Luz te guíe el resto del camino.” (Cábala)
¡Chin chin! ¡Dong dong!












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