Y se fue nomás. Una vida corta, de siete semanas, una Vidita completa, sin embargo, que nos iluminó mientras duró.
Flujo marrón. Ecografía muda. David y yo apretándonos las manos para no llorar. Diez semanas de embarazo. Siete semanas habitada.
Llanto, culpa, furia, enojo, tristeza, en una mañana radiante de otoño. Y el “movie mode” como dice David: como si estuviéramos viéndonos en una película.
Ahora me queda confiar en la Naturaleza. Es sabia, la respeto, y espero que pueda seguir su curso en paz.
Como la vida, que sigue no matter what. Layla sube y baja cincuenta veces del tobogán. Canta su remix de “Tomorrow”, “Somewhere over the rainbow” y “La gata Lulú”. Y su risa levanta un camión de penas.
Después llora porque le digo que no podemos ver de nuevo “El Mago de Oz”, y al final grita “Baby no”.
“Mamá y papá están tristes porque el bebé que estaba en la panza de mamá se fue”, le había explicado llorando.
Vidita: cuando llegue a la tierra prometida, la única nuestra, en la que soñamos verte nacer, voy a plantar un árbol para honrarte, para recordarte siempre y no olvidar tus enseñanzas. Te soñé, conozco tu cara de ojos azules, grandes y tristes. Una cara sin sonrisa. Ojalá, viejo espíritu, que podamos volver a encontrarnos alguna vez. Ahora, estoy lista para dejarte ir. Siempre supe que algo no andaba bien. Tristeza, oscuridad, no te encontraba a veces.
Gracias a todos por la avalancha de amor. Gracias por acompañarnos en estas diez semanas de ilusión, y en este tiempo de duelo.
Foto: El camino es un misterio. Tomada este verano en las Rockies.

Recent Comments