Y a todas las Viditas que se fueron antes de que pudiéramos verles las caras. Aunque a algunas las conozcamos, porque esos espíritus se nos presentaron en sueños para decirnos: “Aquí estoy, he venido pero no traigo dicha, traigo otros regalos, dones que más tarde vas a comprender, no te asustes, por favor”.
Una amiga me sugirió: “Si querés, cuando nos encontremos en El Bolsón, organizamos algo, hacemos “el camino de Vidita”, e invitamos a las familas a plantar un árbol por las viditas que se fueron”.
Yo le contaba que estaba teniendo un día triste, recordaba la alegría de saberme embarazada, de desear esas manitos chiquitísimas, de elegir el nombre para ese hijo varón (lo sé, era un varón, lo soñé, lo vi clarito). MI amiga me decía: “me parece lindo que a veces estás triste, que no te olvides, es una manera de honrar la vida”.
Recuerdo, pero hablo poco de mi Vidita. No hay muchas oportunidades de hablar, la gente no pregunta, o yo no cuento. En Florida vinieron dos amigas de mi suegra a despedirnos.
Señora 1: -¿Cómo te sentís?
Yo: -Ahí…
Señora 2: ¡Pero te ves genial!
Yo: Thanks.
Fin de la conversación.
No me quejo, seguramente yo también fui así antes, cuando no había pasado por lo que pasé. Pero ahora agradezco mucho cuando alguien me pregunta y me permite humedecerme los ojos recordando a mi Vidita, decir el nombre elegido, contar sobre ese primer y único regalo que le elegí.
Y no soy la única que recuerda. Hoy en el baño Layla me dijo mirándome a los ojos -sentadita en el inodoro y sin que yo dijera nada, y sin que supiera que iba a ser uno de “esos” días-: “Baby se fe; baby all gone”.
Recent Comments