La lactancia de Agustina y Jerónimo
Crianza con apego, Historias de lactancia, Lactancia 955 Comments »Quiero compartir esta historia de lactancia. Cada lactancia es única y es una “búsqueda”, como bien dice Agustina. Ella y su cachorro buscaron y encontraron ¡Se encontraron! ¡Bravo! Gracias Agus por compartir tu historia, y gracias por la inspiración.
“Durante el embarazo, el libro El arte femenino de amamantar, de Liga de la Leche, fue una de mis “biblias”. Me encantó, sobre todo porque me ayudó mucho con mi actitud mental hacia la lactancia.
Creo que las madres tenemos una tendencia a exigirnos demasiado, a formarnos una idea de cómo deberían ser las cosas y a trabajar duro por cumplirlas. Y somos muy duras con nosotras mismas cuando las cosas no nos salen como las habíamos imaginado.
Las historias que leí me ayudaron a sacarme de la mente esa imagen del bebé medio dormido, tomando pacíficamente la teta. La imagen que una siempre ve en libros y revistas.
Lo primero que aprendí es que la lactancia es un proceso dinámico, que avanza, retrocede, cambia y se transforma. Por eso, cuando hablo de mi lactancia con Jerónimo, no pienso en las dificultades como problemas sino como búsqueda.
Creo que Jero nació con un hambre voraz, porque apenas nació se colgó de la teta. Solo lo acercaron y él hizo lo suyo. Los primeros días en casa fueron así también. La primera semana durmió y comió, básicamente fue todo lo que hicimos.
Pero a partir de la segunda semana se empezó a despertar, a mover más, a estar más inquieto, y ahí empezó nuestra búsqueda.
Nunca le dimos chupete, y la primera mamadera la tomó a los tres meses. Succionaba constantemente, así que yo tenía muchísima leche. Amanecía empapada todas las mañanas y tenía los pechos muy duros. Ésa fue nuestra primera búsqueda: encontrar cuanta dureza se interponía en el camino.
Así que, con un pañal de tela mojado con agua caliente me iba sacando un poquito de leche y probando, hasta encontrar el punto justo, o al menos, el aceptable para Jero. Hacía esto antes de cada toma, para sacarme el exceso de leche que dificultaba la prendida.
En la tercera semana, Jero empezó a mostrar muchas molestias para prenderse. Era muy frustrante porque claramente tenía mucha hambre y quería teta, pero por alguna razón no podía prenderse.
Nuestra segunda búsqueda fue la búsqueda de posición. Me pase horas y horas en Google buscando imágenes, viendo fotos de mujeres dando la teta en diferentes posiciones. Vi diagramas, cuadritos, dibujitos. Y probé todo.
Por una o dos semanas la única posición en la que quería tomar era la de “perrito”: Yo me ponía en cuatro patas arriba de él, y bajaba hasta que la teta le llegara a él. Sólo así tomaba.
De a poquito, pasamos de “perrito” a la de sentado. Mientras él tomaba acostado abajo mío, yo le ponía la mano en la espalda y lo iba sentando mientras yo me inclinaba también hacia atrás, hasta que terminábamos los dos sentados. Así, de a poquito, fuimos avanzando hasta que ya se prendía directamente sentado. Y eliminamos el “perrito”.
Pero al tiempo se empezó a poner inquieto, y sentado ya no le iba. Ahí empecé a darle la teta caminando, y medio de prepo. Ponía música, bailábamos y cuando estaba contento con el movimiento, le ofrecía la teta y él la tomaba. Una vez que se prendía yo ya podía caminar, y a veces sentarme.
Cuando Jero cumplió tres meses más o menos, empezó a rodar. Ahí todo se puso mas fácil, ya que él solito podía satisfacer sus necesidades de movimiento. Yo me acostaba en el piso y él tomaba un poco, se iba rodando hasta el fin del cuarto y volvía.
Hoy tiene casi nueve meses y esto es más o menos lo que seguimos haciendo, sólo que en vez de rodar, se para con la teta en la boca, gatea, se ríe, habla, hace burbujas, escupe. Qué bueno que pude sacar de mi cabeza esa imagen del bebé tranquilo tomando teta. Yo lo viví, pero solo la primera semana de nuestra lactancia.
Muy rara vez doy teta en público, solamente cuando Jero está muy cansado y quiere mamar un poco antes de dormir. Porque para tomar teta como a él le gusta necesitamos espacio y tiempo. Creo que él también lo entiende y prefiere esperar a llegar casa. Es raro que pida teta cuando estamos afuera, prefiere “aguantarse” y sacarse todas las ganas cuando volvemos a casa.
Algunos momentos fueron bastante frustrantes, pero para mí los comienzos de la lactancia son como los primeros meses de novios, en los que estás nerviosa antes de salir, y estas ansiosa y querés que el momento llegue, pero al mismo tiempo que no llegue, porque no sabés si va a salir bien, si vas a decir algo tonto, o si vas a hacer un papelón.
Como las primeras citas, el comienzo de la lactancia es a veces incómodo y acartonado, pero también es el momento de conocerse, de jugar, de hacerse preguntas, de buscar coincidencias, de establecer diferencias. Es sobre todo, divertido. Que la lactancia es divertida y placentera es algo que me recordaba siempre. “No hay razon para sufrir”, me decía, porque si es con sufrimiento es porque algo no está funcionando, y hay que probar otra cosa.
El bebé, sobre todo en los primeros tiempos, sigue mucho el humor de la madre. Cuando la cosa se ponía muy estresante, me decía: “Basta Agustina, esto es lindo, esto es alegre”, y cambiaba la cara, sonreía, hacía bromas o le hacía cosquillas a Jero, y su predisposición cambiaba inmediatamente.
En la lactancia, la búsqueda es tan o más importante que el resultado y que hay que seguir probando cosas. Es una relacion de dos, y todo va a encajar, con alegría y con paciencia, que el momento siempre llega.”
Además: Liga de la Leche


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