“El nacimiento de Delfina”, por Cecilia

Cesáreas, Historias de nacimientos, Semana mundial del parto respetado 2009 806 Comments »

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Inspirada por la Semana Internacional del Parto Respetado 2009, decidí pedirles autorización a las amigas de la Red Social Familia Natural, para ir publicando de a poco sus experiencias de parto. Gracias chicas por la generosidad y la inspiración. Sus relatos seguramente ayudarán a otras mujeres a tomar decisiones conscientes y seguras para el nacimiento de sus hijos.

Delfina nació a través de una cesárea muy traumática para su mamá. Una cesárea que fue el final anunciado de una cadena de intervenciones que empezó “como al pasar” en el consultorio de su obstetra. Una cesárea que dejó heridas. Gracias Ceci por compartir tu experiencia ¡Y felicidades por tu hija hermosa!

“Les confieso que desde que encontre esta comunidad, me di cuenta de que no tuve un parto. El nacimiento de Delfi fue una intervención quirúrgica. Cero respeto hacia mi persona, cero respeto a la vida.

Mi fecha probable de parto era el 12 de octubre de 2008. El obstetra me dio esa fecha desde el principio. Lamentablmente, durante el embarazo no me informé, y en lugar de eso perdí mi tiempo buscando cunitas, ropita y mil pavadas para recibir a Delfi. Pero en ningún momento busqué información sobre el parto, la lactancia, nada. Me arrepiento, la miro a Delfi y me arrepiento.

A los tres meses tuve una amenaza de aborto, por la que pasé dos días internada, y después tuve que hacer reposo durante poco más de un mes. Eso fue lo único “raro” que me pasó durante el embarazo, por llamarlo de algún modo.

El 10 de octubre tenía control con el obstetra. El día anterior habíamos estado pintando el cuarto de Delfi, y a la noche me sentía muy cansada pero bien, no había tenido contracciones ni ningún dolor que me anunciara que estaba llegando el momento de parir.

Así que el 10 me levanté, desayuné y al mediodía me fui a ver al obstetra. Me acuerdo que antes pasé por el banco, a unas ocho cuadras del consultorio.

Ni bien llegué, el doctor me hizo el tacto y me anunció que tenía ya tres centímetros de dilatación. Me preguntó si había tendio contracciones, yo le respondí que no y ahí me dijo “Bueno, te voy a ayudar”…Me desprendió la placenta con unas maniobras bastante dolorosas para mí (¿habrá sufrido Delfi también?). Lo recuerdo y me hace mal, me entristece, me da mucha bronca. Me cambié y ahí mismo me dijo que vaya a la clínica porque iban a empezar las contracciones.

Llamé a mi pareja y le pedí que fuera a la clínica, que me llevara el bolso. Caminé las quince cuadras hasta la clínica: estaba ansiosa, asustada, no entendía nada, no tenía contracciones…

Llegué y ahí me encontré con toda la familia. Mis hermanso, mi cuñada, mi mamá, mi primo…Me dieron una habitación, y ahí esperé al obstetra. Hasta ese momento, las 6 de la tarde, no había tenido ni una sola contracción.

Llegó el obstetra, me hizo otro tacto, me dijo que había dilatado muy poquito y se fue. Cuando volvió (al ratito), me hizo un tercer tacto y dijo que ya había dilatado cinco centímetros. Ahí decidió romper la bolsa…¡Qué dolor, chicas! Al ratito empezaron las contracciones. Yo no podía respirar, no sabía, fue horrible. Delfi tenía un bracito sobre la cabeza y el obstetra me dijo que si esperábamos un parto natural habría sufrimientof fetal…Así decidimos hacer una cesárea..yo estaba en un grito, confundida, no pensé, no sabía, no estaba informada.

Me prepararon, me llevaron al quirófano, me aplicaron la anestesia epidural y no sentí nada más. No sentí nada de nada, veía como me movían las piernas pero yo no sentía nada. Fue raro, feo, triste.

Junto con mi obstetra había otras dos personas a quienes yo no conocía. Uno se puso atrás mío, y se subió practicamente a mi panza para empujar a Delfi, para arrancarla de mi vientre…Yo tenía mis brazos atados, como crucificada.

Delfi llegó al mundo A las 9:02 de la noche. No la parí, y es una sensación horrible. Dejaron que le diera un beso y se la llevaron con el papá, que no se despegó de ella ni por un segundo.

La lactancia costó mucho, muchísimo. Los primeros tiempos, además de la teta le dimos algunas mamaderas porque no lográbamos que se prendiera bien. Una vez que estuve en casa, tranquila con mi bebé, conociéndola, logré que se alimentara solo con mi leche, y así seguimos hasta hoy, teteando de lo lindo.

Durante los primeros dos días estuve practicamente postrada en la cama, tenía muchos dolores, no pude ni siquiera cambiarle a Delfi el primer pañal.

Y al obstetra, bueno…no quiero verle la cara nunca más.

Ese fue mi parto, que en realidad no fue un parto.”

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