Dulces trece años

Lugares, Ward-Colorado 946 Comments »

Trece años cumplió Japhy en junio. Y trece fueron los hombres que se reunieron un mes después para darle la bienvenida al mundo de la hombría y la vida adulta. Fue en una ceremonia de la que las mujeres estuvimos excluídas. Hubo tambores y un sweat lodge -un ritual indígena de purificación a través de aire húmedo y caliente en un espacio cerrado-. Cada hombre le dio un regalo a Japhy, y cada hombre le transmitió un don.

David le pasó un “ala”: una pluma atada a un palo que se estaca en el piso. La pluma se mueve con el viento mientras el palo permanece firme en la tierra. David la había recibido en México de las manos de un indio huichol. La pluma simboliza el despegue, el viaje y la libertad. El palo simboliza las raíces, el lugar del que venimos, la madre que nos parió al mundo, y que generosamente nos dejó ir. “Para que nunca pierdas de vista quién sos ni de dónde venís, aunque estés volando muy lejos”.

La fiesta que siguió a la ceremonia terminó muy tarde, con toda la “tribu” del Campo Irie alrededor del fuego. Layla se durmió en mi regazo, y yo me concentré en las caras anaranjadas, la música de las guitarras y los tambores, y especialmente en la voz de Will (qué lindo canta). Will empezó a tocar “Forever Young”, de Bob Dylan. Sentí que me secaba, noté mis arrugas, mis miles de años en el mundo. Sentí que el tiempo había pasado rapidísimo desde que me enamoré por primera vez. Sentí que no había hecho nada, y que lo había hecho todo. Miré los ojos de dos adolescentes perdidos en el fuego ¿En qué estarían pensando? ¿Qué sería para ellos ser “forever young”?

No soy de sentir nostalgia por el pasado. Casi nunca vuelvo y cuando lo hago es para revisar los malos recuerdos, como si necesitara reafirmarme que todo tiempo por pasado fue peor. Pero esa noche, bajo la influencia de la transición de Japhy, me permití volver a mis sueños dorados, visitar a mis amores, a mis amigas de entonces, al olor de las calles de Quilmes después de la lluvia…Me permití envidiar a los adolescentes por este viaje que comienzan. Y antes de ponerme demasiado oscura, me acordé de que yo también estaba viajando. Y que la vida pasa rápido, sí, pero que no se escapa. Al menos a mí no se me escapa más.

Will siguió cantando el himno de Dylan. Y a mí se me piantó un lagrimón.

Etiquetas: , , ,
Designed by NattyWP Wordpress Themes.
Images by desEXign.