¡Dos años y medio de lactancia, yeah!

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Foto: Tetando bajo un maqui, a la orilla del río Futaleufú, el día que cumplí mis 40.

(Casi) Dos años y medio desde aquella noche en la que Layla recién nacida se prendió a mi teta. Me quejé con la partera: “¡Me está mordiendo!”. “Laura, ¿cómo te va a morder si no tiene dientes?”. Así empezamos, y por suerte ése fue el principio y el fin de nuestros problemas.

A partir de entonces: teta, tetita y teti. En la casa, en la calle, o en el bar. Teta. A veces trato de imaginarme cómo hubiera sido nuestra relación si no hubiésemos tenido la teta. No puedo. Vuelvo a tratar y no puedo. La teta ha sido algo tan “parte integrante” de nuestra conexión que no se puede separar.

La teta que es a todo dar, la teta que tarde o temprano todo lo calma. Pacifica a los bebés y a las madres. Pacifica a la sociedad y al mundo entero si la dejan! La teta…

Estos últimos cinco o seis meses han sido de transición entre darle la teta a una beba, a demanda, a cualquier hora y en cualquier lugar, y dársela a una nena que crece y deja de ser bebé. Hemos tenido pequeñas crisis, pero las hemos pasado con más o menos paciencia (o paciencia “más o menos”).

Y aquí seguimos, ¡tetando!

Hemos negociado algunas tomas por ejemplo, reemplazado otras tetadas por historias, cuentos y canciones, y en definitiva nos hemos entendido mutuamente. Estoy feliz de no haber abandonado la lactancia, y estoy feliz por haber podido expresar lo que yo necesitaba sin culpas, con la seguridad de que cuando hay amor y respeto la gente -grande o chiquita, no importa-, se entiende.

Y con la certeza de que esa comunicación empática que tenemos Layla y yo es justamente gracias a esa Maga Teta que todo lo dio desde el vamos, desde que mi bebé salió del vientre buscando su lugar en el mundo, y en la teta lo encontró.

Y seguimos, y por ahora no puedo imaginarme como sería la vida sin mirar a esos ojitos verdes mientras toman la teta, o sentir esas manitos que me acarician el pelo y la cara, o ver reír a esa boca repleta de “la lete de mami, so good!”.

Ah, ¡cuánta felicidad, desafíos y aprendizaje me ha traído esta lactancia! Le estoy profundamente agradecida, la honro y la homenajeo cada día. Hasta que dure.

Y este posteo chiquito va dedicado a una grande de la lactancia: ¡Mi amiga Ale a la que quiero un montón! ¡Un abrazo enorme, querida!

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Lactancia X tres

Embarazada otra vez!, Lactancia 5 Comments »

-¿Y la lactancia? (me preguntó otra señora de las muchas -¿demasiadas?- con las que hablo por estos días).
-¿Y la lactancia qué?
-¿Vas a destetar a Layla?
-No. Mi embarazo no cambia la lactancia de Layla. Es nuestra relación especial y única, y va a terminar cuando las dos estemos listas.

…………….

Y siguiendo con la lactancia, hoy leí dos artículos. Uno que me encantó e inspiró, y otro que me disgustó muchísimo.

El primero es una historia hermosa de lactancia de una mamá canadiense que vivió en Mongolia, donde según cuenta, ¡es el Teta Fest! La lactancia en público y la lactancia prolongada son cosas de todos los días ¡Y parece que todos son más felices también!

……………

Y el segundo es un artículo de Matador, la revista que edita el Gringo (sí, sí, el Gringo). Es la historia del destete de un bebé de 13 meses, contada por el padre. No es el texto lo que me molestó, pero sí el uso de una de las fotos que lo acompaña. En ella se ve a una mujer Zulu con los pechos descubiertos -el autor cita de manera poco precisa el destete de los niños de esta tribu-. No tengo nada en contra de la foto, aunque sí del epígrafe: “¿Cómo un nene puede dejar esto?”, refiriéndose, claro, a las lolas. Si podemos decir que el nene dejó algo -porque el destete fue unilateral-, lo que dejó fue de amamantar del pecho de su mamá. No dejó las “buenas lolas” de una mujer Zulú. El texto es un conjunto poco feliz de “istas” (machista y sexista para empezar).

Esta mezcla confusa -y tan poco “Matadoriana”- de la lactancia materna y la sexualización que los hombres hacen de los pechos femeninos me da verguenza. Y no colabora a que las mujeres nos sintamos más cómodas al amamantar en público, o al amamantar a secas. En fin, hoy estoy enojada.

¡Adiós, amigas! (y amigos, pero no al Amigo Gringo) ¡Ojalá que la mañana me encuentre de mejor humor!

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Sobre nuestra lactancia prolongada y las noches sin dormir

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Antes, cuando tenía que ilustrar un posteo sobre la lactancia prolongada, iba a Flickr y buscaba una foto que se ajustara al tema. Sin embargo, ya es hora de empezar a usar mis propias fotos: ¡Layla cumplirá 20 meses el 7 de mayo, y seguimos teteando!

Como ya escribí antes, nuestros comienzos no fueron fáciles. Necesité de paciencia, confianza y del apoyo de otras mujeres, para poder entregarme plenamente a mi bebé. Esa extensión de mi propio cuerpo que vivía prendida a unas tetas que solían ser mías solitas.

Después sí, nos amoldamos la una a la otra, de día y de noche, en las buenas y en las malas. Y si hay una imagen con la que me gustaría irme de este mundo, es la de sus ojos color del bosque (marrones/verdes/grises/azules) mirándome bien abiertos y puros mientras le doy la teta. Mi amor líquido, mi regalo divino.

Mi amiga Claudia siempre dice que la lactancia es dinámica, como todo vínculo. Y aquí estamos, experimentando una nueva transformación. De las noches sin dormir de los primeros meses, volvemos a las noches sin dormir de los casi dos años…

¿Cómo es que ahora siento que Layla toma más teta que antes? No lo sé. Pero gracias a otras mujeres que estuvieron ahí antes que yo, y que son mi gran inspiración, sé que es “normal”, o mejor dicho que no hay “lactancias normales”, sino que cada una es única y especial, como únicos y especiales son nuestros hijos.

También sé que “todo pasa”. Gracias a ellas sé que nuestra relación con la lactancia, como con la vida, tiene sus ups and downs. Y que nuestros sensaciones cuando amamantamos están estrechamente ligadas a nuestro fluir en la vida. Y éste es un momento complejo para nuestra familia.

Tal vez Layla se despertaría la misma cantidad de veces aunque no estuviera amamantando…Con la diferencia de que sería más difícil que volviera a dormirse en paz como lo hace con su teta. La teta es su refugio, su “volver al seno materno” en esta etapa de crecimiento, de separación emocional, de estrés familiar.

Tal vez toma mucha teta porque anduvo con mocos, o quizás sean los dientitos, o las muelas. O mamá y papá que andan “a little bit locos”…

Que quede claro: ni por un momento me planteo que fue un error el haber decidido amamantar a mi hija respentado SUS tiempos naturales de la lactancia.

Me gusta darle la teta a Layla. Lo disfruto. Es un momento íntimo, de nosotras dos, puro amor dulce de madre e hija. Es una etapa única que, como todo, no volverá.

Gracias a: Violeta, Ale Galván, Josefina, Ale Mercado, Marthita, Laurita, Claudia, Mirta Merino, Rebecca, Heather, Tasha, chicas de Liga de la Leche de aquí y allá, y a todas las mamás que me inspiran todos los días, y que trabajan por el derecho de las mamás y de los bebés a disfrutar de la lactancia ¡MMMUACKS!

Para leer todos los posteos sobre la lactancia, click aquí.

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La lactancia de Agustina y Jerónimo

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Quiero compartir esta historia de lactancia. Cada lactancia es única y es una “búsqueda”, como bien dice Agustina. Ella y su cachorro buscaron y encontraron ¡Se encontraron! ¡Bravo! Gracias Agus por compartir tu historia, y gracias por la inspiración.

“Durante el embarazo, el libro El arte femenino de amamantar, de Liga de la Leche, fue una de mis “biblias”. Me encantó, sobre todo porque me ayudó mucho con mi actitud mental hacia la lactancia.

Creo que las madres tenemos una tendencia a exigirnos demasiado, a formarnos una idea de cómo deberían ser las cosas y a trabajar duro por cumplirlas. Y somos muy duras con nosotras mismas cuando las cosas no nos salen como las habíamos imaginado.

Las historias que leí me ayudaron a sacarme de la mente esa imagen del bebé medio dormido, tomando pacíficamente la teta. La imagen que una siempre ve en libros y revistas.

Lo primero que aprendí es que la lactancia es un proceso dinámico, que avanza, retrocede, cambia y se transforma. Por eso, cuando hablo de mi lactancia con Jerónimo, no pienso en las dificultades como problemas sino como búsqueda.

Creo que Jero nació con un hambre voraz, porque apenas nació se colgó de la teta. Solo lo acercaron y él hizo lo suyo. Los primeros días en casa fueron así también. La primera semana durmió y comió, básicamente fue todo lo que hicimos.

Pero a partir de la segunda semana se empezó a despertar, a mover más, a estar más inquieto, y ahí empezó nuestra búsqueda.

Nunca le dimos chupete, y la primera mamadera la tomó a los tres meses. Succionaba constantemente, así que yo tenía muchísima leche. Amanecía empapada todas las mañanas y tenía los pechos muy duros. Ésa fue nuestra primera búsqueda: encontrar cuanta dureza se interponía en el camino.

Así que, con un pañal de tela mojado con agua caliente me iba sacando un poquito de leche y probando, hasta encontrar el punto justo, o al menos, el aceptable para Jero. Hacía esto antes de cada toma, para sacarme el exceso de leche que dificultaba la prendida.

En la tercera semana, Jero empezó a mostrar muchas molestias para prenderse. Era muy frustrante porque claramente tenía mucha hambre y quería teta, pero por alguna razón no podía prenderse.

Nuestra segunda búsqueda fue la búsqueda de posición. Me pase horas y horas en Google buscando imágenes, viendo fotos de mujeres dando la teta en diferentes posiciones. Vi diagramas, cuadritos, dibujitos. Y probé todo.

Por una o dos semanas la única posición en la que quería tomar era la de “perrito”: Yo me ponía en cuatro patas arriba de él, y bajaba hasta que la teta le llegara a él. Sólo así tomaba.

De a poquito, pasamos de “perrito” a la de sentado. Mientras él tomaba acostado abajo mío, yo le ponía la mano en la espalda y lo iba sentando mientras yo me inclinaba también hacia atrás, hasta que terminábamos los dos sentados. Así, de a poquito, fuimos avanzando hasta que ya se prendía directamente sentado. Y eliminamos el “perrito”.

Pero al tiempo se empezó a poner inquieto, y sentado ya no le iba. Ahí empecé a darle la teta caminando, y medio de prepo. Ponía música, bailábamos y cuando estaba contento con el movimiento, le ofrecía la teta y él la tomaba. Una vez que se prendía yo ya podía caminar, y a veces sentarme.

Cuando Jero cumplió tres meses más o menos, empezó a rodar. Ahí todo se puso mas fácil, ya que él solito podía satisfacer sus necesidades de movimiento. Yo me acostaba en el piso y él tomaba un poco, se iba rodando hasta el fin del cuarto y volvía.

Hoy tiene casi nueve meses y esto es más o menos lo que seguimos haciendo, sólo que en vez de rodar, se para con la teta en la boca, gatea, se ríe, habla, hace burbujas, escupe. Qué bueno que pude sacar de mi cabeza esa imagen del bebé tranquilo tomando teta. Yo lo viví, pero solo la primera semana de nuestra lactancia.

Muy rara vez doy teta en público, solamente cuando Jero está muy cansado y quiere mamar un poco antes de dormir. Porque para tomar teta como a él le gusta necesitamos espacio y tiempo. Creo que él también lo entiende y prefiere esperar a llegar casa. Es raro que pida teta cuando estamos afuera, prefiere “aguantarse” y sacarse todas las ganas cuando volvemos a casa.

Algunos momentos fueron bastante frustrantes, pero para mí los comienzos de la lactancia son como los primeros meses de novios, en los que estás nerviosa antes de salir, y estas ansiosa y querés que el momento llegue, pero al mismo tiempo que no llegue, porque no sabés si va a salir bien, si vas a decir algo tonto, o si vas a hacer un papelón.

Como las primeras citas, el comienzo de la lactancia es a veces incómodo y acartonado, pero también es el momento de conocerse, de jugar, de hacerse preguntas, de buscar coincidencias, de establecer diferencias. Es sobre todo, divertido. Que la lactancia es divertida y placentera es algo que me recordaba siempre. “No hay razon para sufrir”, me decía, porque si es con sufrimiento es porque algo no está funcionando, y hay que probar otra cosa.

El bebé, sobre todo en los primeros tiempos, sigue mucho el humor de la madre. Cuando la cosa se ponía muy estresante, me decía: “Basta Agustina, esto es lindo, esto es alegre”, y cambiaba la cara, sonreía, hacía bromas o le hacía cosquillas a Jero, y su predisposición cambiaba inmediatamente.

En la lactancia, la búsqueda es tan o más importante que el resultado y que hay que seguir probando cosas. Es una relacion de dos, y todo va a encajar, con alegría y con paciencia, que el momento siempre llega.”

Además: Liga de la Leche

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Diez esenciales para recibir al bebé (apegado)

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Foto: Lo único necesario para recibir a un hijo es amor incondicional…Foto: Acbo (Flickr Creative Commons)

El test de embarazo da positivo e inmediatamente los futuros padres se empiezan a preocupar por las “tantas cosas que necesita un bebé”. Cunita, sillita para comer, sillita vibradora, cochecito, baberos, fórmula “por si acaso”, chupetes, sensores para escuchar al bebé que llora en otro cuarto…La lista es larga y los padres caemos ante tanta oferta de cosas “imprescindibles para el cuidado y la seguridad del recién nacido”.

Dijo mi amiga Gisela a propósito de la discusión Cosas para el bebé que no necesitaron (foro de Familia Natural): “No me gusta comprar cosas porque sí, pero sí tener lo que considero necesario”. Al leer las respuestas de las compañeras del foro, vi que lo que considerábamos “necesario” antes de la llegada del bebé (es decir: lo que el mercado nos había hecho creer que era “necesario”), se había reducido a una lista de diez cosas. Sí, diez, no más.

Es que cuando practicamos la crianza con apego necesitamos muy poco: brazos, teta, tiempo, una cama dispuesta a recibir al bebé. Muchos de los demás productos ofrecidos están orientados a reemplazar lo irreemplazable: el pecho y los brazos de mamá.

Se me ocurre que sería mejor invertir esa plata en extender la licencia por maternidad, o en prepararnos emocionalmente para el parto y la llegada de un hijo. O en la participación de un grupo de apoyo a puérperas. Lo mismo con los regalos: podemos pedir que nos regalen más tiempo con el bebé.

En base a las respuestas de mis compañeras y a mi propia experiencia, hice esta lista de diez esenciales para recibir al bebé apegado:

1- Pañales (si son de tela, ¡mucho mejor!), y toallitas de tela para limpiar la colita del bebé.

2- Un portabebés que sea cómodo para los dos padres y el bebé. Recomiendo probar varios, pedirlos prestados o ir a probarlos después del nacimiento. Si cargamos a nuestro hijo la mayor parte del tiempo, la necesidad de ropa será menor (lo mismo que si colechamos). Más info: Red Canguro.

3-
Para amamantar: protectores mamarios y corpiño para amamantar. Si vas a trabajar fuera de casa, agregá a la lista un sacaleche, contenedores para guardar tu leche, y mamaderas (por favor, fijate que todo el material plástico sea libre de Bisphenol A).

4- Sillita para el auto (fundamental para minimizar los efectos de un accidente de tránsito).

5- Babitas y toallitas de tela multiuso (para la baba, la comida, mocos, reflujo).

6- Mantitas de lana y algodón, también de usos múltiples.

7- Aceite natural neutro para masajear al bebé. No hace falta que sea uno caro, uno bueno de oliva o almendras es perfecto. Siempre fijate que sea comestible, así no hay peligro si el bebé lo ingiere accidentalmente (click acá para escuchar el programa de Radio Familia Libre sobre masaje infantil).

8-
Los libros de Laura Gutman, en el orden en que fueron publicados. Fundamentales para entender qué nos pasa después de la llegada del bebé. Para ver todos los libros de la autora, click aquí.

9- La bañadera para el bebé. Personalmente, nunca la usamos, ya que siempre aprovechamos esa oportunidad para bañarnos o ducharnos en familia, pero todas las chicas del foro la han necesitado en algún momento, especialmente si hay otros hijos chiquitos alrededor.

10- El teléfono de una líder de Liga de la Leche, por si tenés dudas y preguntas sobre la lactancia, o en el caso de que se presente alguna dificultad.

¿Se te ocurre alguna otra sugerencia?

Además:

¿Qué es la crianza con apego?a>

¿Por qué amamantar?

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