Mudanza: de todo un poco

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¡Se vende! ¡Todo se vende! Estamos inundando las páginas de Craigslist con nuestros anuncios.

Y lo que no se vende, se regala o se dona. Se recicla. Muy pocas cosas se van a Argentina. Lo híper súper especial. Libros, música, fotos, recuerditos, ropa para la montaña, cartas amarillas.

Esta tarde vendimos dos símbolos: la cuna con todos sus chirimbolos, y el cochecito con sus respectivos accesorios. “Casi sin uso”.

Eso sí: nos llevamos a Argentina la baby sling y el Ergo Baby, también símbolos, pero de la vida a la que aspiramos (o que ya llevamos): contacto físico, salud para cargar a tu hija en la espalda. Y liviandad.

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Otro tema aparte son los juguetes ¡Qué pérdida de dinero! De todos los que conservamos -muchos fueron donados hace rato por inútiles-, Layla no juega con ninguno. O sí, pero por segundos. Y estoy segura de que jugaría con cualquier otra cosa de la casa aunque los juguetes no estuviera ahí.

Es decir: no son necesarios. Vamos a conservar solamente los que son eternos, los que se pueden usar de mil maneras: pelotas, bloques, muñecas, anillos de tela, y por supuesto la baby sling tamaño Layla. Lo demás, for sale!

Reconozco que yo le compré muchos de esos juguetes…¡Al pepe! Hechos en Europa, no tóxicos, caros. Pero inútiles a los ojos de mi hija, que prefiere jugar con palos, rocas, papel higiénico, el perro, la gata, o un repasador.

Y ahora que se lo va a pasar en las montañas, en la playa, en Buenos Aires entre gente querida, y de nuevo en las montañas, ¡menos que menos los va a usar!

De todo lo que tengo para bebés, creo que los juguetes fueron lo más inservible…¿Qué piensan? ¿Usaron los juguetes sus hijos o es solo la mía que es un free spirit, loca como una cabra, “del cencerro” como su madre?

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Mi amiga Tasha me preguntó:

-¿No te sentís como flotando, porque en tu mente ya te fuiste pero todavía estás?
-No, porque cuando tenés un hijo no podés darte el lujo de no vivir en el presente ¡Todo es presente para Layla!

Y así seguimos yendo a la plaza todos los días, Layla a hacer su vida y yo a pretender que es una época normal ;) Y así fue que ayer que una mamá me contó esta historia: su mamá tuvo 10 hijos, y es abuela de 18 nietos. Ella trajo al mundo a 16, todos nacidos en su casa. Wow!

Life is good!

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Mudanza: ¡Pepepepepé!

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Esta mudanza tiene clima de Año Nuevo. Año Nuevo, Vida Nueva. Como esos 31 de diciembre llenos de papelitos que tanto nos euforizaban en los primeros ’80, cuando éramos ignorantes felices y no relacionábamos los papelitos con los árboles, ni con el carnaval de Gualeguaychú (¿había carnaval de Gualeguaychú en esa época?).

El 30 de junio (¡sí, ya hay fecha!) se termina un ciclo. Y el primero de julio empieza otra vida. Mejor, siempre mejor, porque como aúlla el Flaco Spinetta: “No todo tiempo por pasado fue mejor, ¡mañana es mejor!”

La vibra de esta mudanza es desprendernos de las cosas. Y no desgarrarnos, como hicimos antes. Regalar, vender, o simplemente dejar lo que no encuentra rumbo en la vereda de casa, con un cartelito de “FREE” (que no es el mismo “Libre” de la Balada para un loco, ¡cua!).

Nos vamos de Seattle con lo puesto, lo que somos, lo único que realmente tenemos: la vida, las risas, las emociones, los recuerdos, la música que suena en los oídos.

En las pocas cajas que nos llevamos hay fotos, recuerditos, y solamente un par de esas “viejas cartas que hablan del pasado”. El resto irá a una gran fogata que ya disfruto de antemano. Que el pasado habla por sí mismo desde donde está guadadito, y los recuerdos vuelven cuando tienen que volver y sin que nadie los llame.

Así que, literalmente, ¡a tirar la casa por la ventana! ¡Quiero irme! ¡Quiero volarrrrr!

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Seattle: The End

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Así estamos. Ni aquí ni allá. La mudanza tiene su propio tiempo, que no empieza con el día ni termina con la noche. Estamos yéndonos pero todavía no empezamos a andar, a hacer el camino. No podemos empezar a enviar cosas porque las necesitamos hasta fines de junio (fecha para la mudanza), pero tampoco esta casa se siente como nuestro hogar “anymore”. Seattle empieza a desvanecerse. Ahora somos nosotros tres en nuestra nube de mudanza. Y el perro y la gata (que pronto será enviada a Argentina). Camino por la calle, voy al parque, tomo el bus, pero tengo la sensación de que siempre estoy en un decorado de Hollywood, todo me suena irreal.

Quiero que llegue el tiempo de irse. De decirle a Seattle “Au voir! See ya’!” Pero no quiero hacer lo que hay que hacer en el medio. Quiero no tener cosas, o al menos no sentirme apegada a ellas, para poder dejarlas atrás sin más. Algún día lo lograré.

Escena 1: David cierra la puerta de la casa con una sonrisa bonachona. Escena 2: Estamos todos en el auto y yo me acuerdo de que dejamos la pelota de Layla en el jardín. Voy a buscarla, y le doy un último vistazo a la casa. Close up de mi cara al sol. Escena 3: estamos en el aeropuerto, aburridos haciendo la fila para el chek in, cuando de pronto llega un grupo de tamboristas orientales (bien representativo de Seattle), y…….con los primeros “pum pum” todos en el aeropuerto empezamos a bailar la danza “tap” del final de la película Zatoichi. Yeah!

De paso les pregunto: ¿Cuál es su final de película favorito?

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