Miedo a la muerte, miedo a la vida

Nuestra vida en Seattle, parto en casa, Parto respetado 3 Comments »

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Esta tarde visité Criando con Amor, el blog de Josefina, y encontré el artículo Dejemos a las mujeres parir en paz. No voy a contarles de qué se trata, vayan ya a leerlo, es apasionado como todo lo de Jose.

Pero voy a citar esta reflexión en la que me quedé pensando:

“No logro entender por qué la gente se enoja tanto con las personas que elegimos tener a nuestros hijos en casa…Y los que más se enojan, los que más asustados parecen con este “poderío” de las mujeres de elegir cómo y dónde parir, son los hombres…Se me ocurre que tal vez el problema sea el MIEDO A LA MUERTE. El nacimiento y la muerte están íntimamente ligados. Hasta tal punto es así, que en muchas culturas panteístas, la diosa o el dios de la muerte es el mismo que la diosa o el dios que trae la vida (en el libro “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés, se habla del tema).”

Estas palabras me llevaron al relato de David sobre el nacimiento de Layla:

“Las contracciones se habían vuelto muy dolorosas, y Mirta le sugirió a Laura que podía atravesarlas con la respiración, haciendo un sonido de largas letras “O”. A veces, cuando las contracciones eran muy intensas, yo también hacía este sonido con ella, y nuestras voces juntas producían sonidos primordiales. Se me ocurrió que estos eran los sonidos de los que nuestra cultura siempre había tenido miedo. Quizás porque nos acercan a la vida y a la muerte, y porque son sonidos de vida y muerte -orgasmos, dolor, desesperación, placer verdadero-. En algún lugar del camino se nos enseña a mantenernos en silencio. Nos auto medicamos para no sentir tanto dolor…La gente nace y muere en los hospitales, lejos de su familia, de sus amigos, de la música que les es familiar y de sus olores.”

Vivimos en una cultura en la que casi se niega la muerte. Se la esconde, no se aprende de ella, no se la respeta. Personalmente, desde que nació Layla comencé a sentir a la muerte como algo que es parte de mí. Como mi sonrisa, como mis pecas, como la vida que di a luz. Ya no oculto la muerte, mi muerte, y ya no le tengo tanto miedo. Será porque, como dijo Leonor, para poder parir -en ese instante decisivo del último pujo-, hay que dejarse morir primero.

Vivimos rodeadeos de muerte: el día se muere en la noche, las flores se mueren en frutos.

Tal vez éste es el miedo del que hablaba Jose. El miedo a los secretos que atraviesan el canal de parto junto con los hijos. Ese secreto al que solo las mujeres podemos aproximarnos cuando podemos parir. El miedo a la muerte que conlleva la vida. El miedo a morir, el miedo a vivir. El miedo que las mujeres que parimos tenemos que atravesar sí o sí para que nazcan los hijos.

El nacimiento de Layla me hizo consciente del círculo de la vida: porque engendrar vida es también engendrar muerte.

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Parto respetado: “Nace una flor”

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Las invito a leer mi artículo “Nace una flor”. Es sobre el parto respetado, y lo escribí originalmente para la Fundación Diversidad Divino Tesoro. Además, va a ser publicado en el número de febrero de la revista Madre, de Puerto Rico, hecha por parteras y distribuída en forma gratuita en toda la isla.

Acá les copio el primer párrafo:

“Mi hija Layla nació en casa, el 7 de septiembre de 2007. Nuestra familia tuvo el mejor comienzo posible: un parto humanizado en el que los tiempos naturales del nacimiento fueron respetados, y mi hija y yo nunca fuimos separadas.”

Para leer el artículo completo, click acá ¡Se los recomiendo! ;)

¡Por una humanidad mejor parida!

Foto: Nuestra familia recién nacida
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¿Cómo prepararse para el parto?

Embarazo, Mi parto, Parteras, Parto respetado 449 Comments »

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Foto: blmurch (Flickr Creative Commons)

Mientras estaba embarazada leí cuanto libro se había editado sobre el embarazo y el nacimiento. Me informé obsesivamente sobre la fisiología del parto, las rutinas médicas practicadas al recién nacido, y los derechos del nacimiento.

Sin embargo, no fue sino hasta que llegué a Buenos Aires que comenzó la verdadera preparación, la profunda, la que iba a hacerme parir a Layla como lo hice: la preparación emocional.

Porque por más que seamos una enciclopedia viva del parto y del bebé, y hayamos armado un plan de parto impecable, si no estamos preparadas emocionalmente para parir, es posible que no podamos hacerlo, y que dejemos el nacimiento de nuestro hijo en manos de otros.

¿Qué significó para mí preparme emocionalmente?

En la práctica, participar de los encuentros pre parto en lo de la partera Mirta Merino. Todos los martes íbamos mi panza y yo a su consultorio de Barracas. Ahí nos encontrábamos con otras cinco futuras madres y búscabamos lo que nos estaba pasando. Con la panza, con los padres de nuestros hijos, con nuestros padres, con nuestros propios nacimientos.

En esos encuentros empecé a descubrí quién era, y cómo iba a parir. Mirta fue una guía fundamental: “Laura, vos llegaste con un bagaje informativo enorme, pero te faltaba mirarte por dentro”.

Claro que también hablamos del trabajo de parto, de cómo se iniciaba, de las contracciones -que eran como “olas”-, y de toda la parte teórico-informativa. Pero también bailamos, lloramos, nos reímos, jugamos con esfero dinamia y tomamos mate.

Nombramos a cada miedo. El miedo a los recursos humanos de los sanatorios, a la sangre, a la hemorragia, al dolor, a las tardecitas del puerperio, a que algo saliera mal, o a que el hijo no tuviera sus veinte deditos…

No “aprendimos” a respirar, ni trabajamos ninguna otra “técnica”. Simplemente porque las mujeres sabemos cómo parir, si nos dejan tranquilas.

Para mí, la preparación emocional para el parto fue fundamental. Dos horas por semana dedicadas por entero a mí y a mi panza. Dos horas para conectarme con el momento de dar a luz. Fue sin dudas el tiempo mejor invertido de mi vida, un tiempo precioso en el que -con la ayuda de Mirta y de las otras mamás-, se fue abriendo el camino para el nacimiento de Layla.

Más información sobre el parto y el nacimiento: Asociación Dando a Luz (Argentina)
También: Las sensaciones del parto, por la partera Debbie Diaz

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“Las sensaciones del parto”, por Debbie Diaz

Derechos, Lactancia, Parteras, Parto respetado 1.140 Comments »

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Foto: Photokappa (Flickr Creative Commons)

Debbie Diaz es una partera de Puerto Rico, y coordinadora de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN). Es, además, mi nueva amiga.

La contacté porque estoy escribiendo un artículo sobre el parto humanizado para la Fundación Diversidad Divino Tesoro, y le pregunté: “Debbie, si tuvieras que responderle a una mujer embarazada por qué atravesar el dolor del parto, ¿qué le dirías?”. Ella me respondío extensa y sabiamente. Para mi artículo solo usé un par de párrafos, así que aquí publico el resto con su autorización, ya que me dijo: “Laura, publícalo donde mejor creas va a ayudar a las madres”.

Las sensaciones del parto, por Debbie Diaz

Las sensaciones de las contracciones del parto son saludables y tienen su razón de ser parabién físico y emocional. En el aspecto emocional, la respuesta física y hormonal custodia la satisfacción, y se relaciona a la protección y sensibilidad de la madre hacia su bebé.

En lo físico, provee a la madre las señales para mover su cuerpo a favor de las rotaciones fundamentales del bebé. Las sensaciones del parto dan libertad, y promueven una experiencia individual marcada por ritmos, circunstancias, ritos y tiempos.

Las sensaciones del parto en general son unas de las más intensas que puede sentir un ser humano. A su vez, el nacimiento es uno de los pocos acontecimientos donde el dolor es salud.

En las sensaciones de parto existe una cadencia -en cada parto es distinta- que dirige a la madre. Las sensaciones pasan de ser tolerables, cuando la mujer siente la excitación de saber que pronto tendrá su bebé en los brazos; se van intensificando hasta que la mujer se ensimisma; y finalmente se tornan maravillosamente intensas hasta el punto en que la madre percibe, en muchos casos, que su ser y su cuerpo trabajan separados y al unísono.

Las sensaciones en su intensidad – antes y al comienzo del reflejo de expulsión- ayudan a lograr el fenómeno del sueño entre contracciones: un cansancio exquisito, necesario, determinado por la naturaleza y que produce un sueño profundo entre contracciones. Esta parte del proceso de parto ayuda –junto a otras cosas- a renovar energías y suplir fuerzas para terminar el parto y establecer la lactancia inmediata.

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