¡Ciudadanía obtenida! (con un poquito de tensión dramática)

Nuestra vida en Seattle 5 Comments »

Fue así: ya tenía la aprobación de mi ciudadanía de boca del oficial de Inmigración que me atendía, y Hezekia (voy a llamarlo por su nombre de pila), me había dado el documento con la fecha para mi juramento -Oath of Allegiance- para el 9 de abril. Ya habían pasado los famosos tests y yo me alistaba para volver al auto, adonde me esperaban Layla y David.

Pero cuando Hezekia quiso ingresar en su computadora los últimos datos apareció “algo que no me deja completar el proceso”. Así que amablemente me pidió que le devolviera el documento que probaba la aceptación de mi ciudadanía.

(¡Pum!)

No sé qué o quién estaba negándole a Hezekia el derecho a cerrar mi caso con un “Aprobado”. Él tipeaba y volvía a tipear, apretaba el “enter”. Y nada. Ahí empezó a revisar las páginas de mi aplicación.

Y también empezaron las preguntas: ¿qué habíamos hecho en Argentina durante cinco meses en 2005? ¿Cuánto tiempo había pasado fuera del país en 2007? ¿De qué trabajaba David? Si alquilábamos o si habíamos comprado nuestra casa ¿Quién pagaba los servicios municipales? ¿Por qué nunca había tenido una licencia de conducir? (“No sé manejar”).

Y los impuestos, claro, esos que con tanta meticulosidada pagamos cada año. Hezekia me dijo que necesitaba los comprobantes de que yo había pagado mis impuestos durante los últimos tres años.

-¿Los tiene?
-Acá no, en mi casa. Entre los documentos que me pidieron que trajera no figuraban las declaraciones de impuestos, sino claro que las hubiese traído.
-Bueno, mándemelos por correo ni bien pueda y dejamos la petición pendiente hasta que recibamos esos documentos.
-¿Y ahora?
-Ahora hay que esperar. No tiene que volver a hacer los tests, ya los aprobó, solo quedamos a la espera de eso.

(¡Ah no!)

-Discúlpeme señor mmm…He..zekia, no quiero interferir con su trabajo, pero ¿podría hablar con su supervisor antes de retirarme?
-¿Sobre qué?
-Simplemente no me parece justo que después de haberme citado hace dos meses, y habiendo especificado todos los documentos que debía traer (los cuales están en mi cartera, por cierto), ahora se retrase mi pedido de ciudadanía porque no traje las declaraciones de impuestos que sí tengo en casa, y que habría traído conmigo si me las hubiesen pedido. No me parece serio.
-Tengo curiosidad: ¿Cuál es su apuro?
-Ninguno, solo que es una gran carga emocional venir a esta cita, como se imaginará, y me preparé muy bien, estudié, traje todo lo que me pidieron e -insisto- no me parece justo tener que volver en unas semanas por algo que podrían haberme pedido con anticipación. Vine con la expectativa de irme hoy con un “sí” o un “no” a mi pedido de ciudadanía.

Hezekia me miraba medio perplejo: “¿Gran carga emocional? ¿Expectativas?”

Me confirmó que yo estaba en todo mi derecho de querer hablar con su supervisor, y cuando le respondí que en realidad no sabía si tenía sentido porque las cosas no iban a cambiar, y además él era un buen empleado y no quería compromerlo, ¡él me insistió! Así que me quedé en el hall esperando a un supervisor que seguramente me escucharía con la paciencia propia del oficio, y me diría amablemente lo que ya Hezekia me había dicho.

A los 10 minutos, ¿saben quién apareció? ¡Hezekia! Y alcanzándome un papel, me dijo “Vuelva el 9 de abril para su juramento señora, felicitaciones”. Me extendió su mano con calidez, y yo le devolví el gesto con un abrazo de oso. Hezekia se rió con ganas (era descendiente de africanos y no anglosajón, sino otro hubiera sido el cantar).

-Yo sé que usted hace las cosas bien, señora.
-Ay, discúlpeme tanto lío, pero realmente yo tenía que decirle que no me sentía tratada con justicia.
-Está bien señora, no es nada, disfrute de su día.
-¡Muchas gracias por todo!

Y -me da verguenza decirlo- lo saludé con la mano y le tiré un beso desde la escalera ¡Chan chan! Y me fui triunfante, subida a mis tacos y con mis piernas enfundada en medias negras por primera vez en años.

Así que el 9 de abril tengo el juramento de lealtad a mi nuevo país (la ciudadanía argentina nunca se pierde, se sufre hasta el final).

Ahora, seguiré sin saber si el supervisor de Hezekia era un programa de computadora, una persona, o el mismo Hezekia ¿Alguna idea?

Qué bueno que ya pasó este día. Ciudadana de los Estados Unidos de Norte América. American citizen. Ni más feliz, ni más linda, ni más flaca, ni más rica. Con más posibilidades, alguien podría decirme. Ni más de aquí, ni más de allá.

Si tenés preguntas específicas sobre este tema, escribime y te cuento todo.

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