Notitas del día en el que nació L.B.

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Durante el 22 y el 23 de diciembre que pasaron estuve tomando notas mentales todo el tiempo. Detalles que no quería olvidarme jamás. Como no quiero ser indiscreta, nombraré M. (Madre) a la mamá de esta historia, y L.B. (La Bebé), a su hijita recién nacida.

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-Las señales de que el parto era inminente comenzaron un día antes. Las chicas (de Familia Natural) empezamos a soñar, a sentir.
“Hace un par de horas tuve un pensamiento volador (de esos de bruja) y pensé que M. estaba en pleno trabajo de parto”.
“…Estabas en una casa, como si fuera una cocina grande y había tres mujeres con vos, ayudándote y alentándote”.
“Anoche antes de dormirme vi las fotos y te leí, después soñé con el parto de L.B, era una imagen muy clara.”

El 22 a la tarde Laya se despertó de su siesta. “¿Sabés quién vino, hija?” -le pregunté, por el padre que había vuelto a casa-. Y ella me respondió con un nombre propio que había escuchado muy pocas veces antes: “L. B.”.

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Chateábamos con M. Ella también, cómo no, sentía la electricidad del nacimiento. “Andá a sacar fotos, que pueden ser las últimas del embarazo”. Tenía contracciones cada ocho minutos y sesenta segundos. Se cortó mi conexión a Internet. Salí a mirar las estrellas, prendí un incienso. El viento era muy fuerte, y los álamos cantaban su canción noctura.

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En la mañana del 23 nos encontramos con una nueva discusión: “El nacimiento de L.B.”. Esperábamos leer el relato del nacimiento, pero no, era un parte conciso y casi urgente de M. sobre el comienzo de su trabajo de parto. Lo último que supimos fue que a las dos de la mañana “me puse a limpiar la cocina y una súper contracción me tiró al piso”. Había sido ésa, LA contracción, la súper contracción que todas podemos reconocer, en la que tenés que dejar de hacer todo lo que estás haciendo y entrar en Partolandia.

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Pasamos el día esperando noticias. Emocionadas, juntas en un círculo, acompañando este nacimiento como se acompañan todos los nacimientos: con miedo, con confianza, con incertidumbre, recordando nuestros partos, y con la seguridad que éste también iba a tener un final feliz. Todas haciendo nuestro el deseo poderoso de M. de lograr tener un parto vaginal después de su primera cesárea.

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“Siente, que el momento llega, siente tus huesos son fuertes, siente estamos ayudando, lo divino está contigo…Siente, la niña está en la puerta, vivirá para abrazarte…Siente, tus huesos son fuertes”.

50 respuestas a la discusión “El nacimiento de L.B.” en menos de dos horas…

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En El Bolsón había nevado, no en el pueblo, pero sí en lo alto del Cerro Piltriquitrón. Después, con la tarde, llegó el esplendor del arcoiris. Yo sentía que nada de esto era ajeno a la llegada de L.B.

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Finalmente recibimos la feliz noticia: “¡L.B. nació en casa, como a la 1 de la tarde hora local!”.

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Los detalles no saldrán mi boca. M. y L.B. están en su casa, juntitas, anidando, teteando mucho seguramente, y recuperando energías. Nunca voy a poder olvidarme de la intensidad de esos dos días en las que todas acompañamos a M. durante su trabajo de parto.

No es que haya pensado que emociones así no fueran posibles. Yo sé bien -porque lo he vivido-, que cuando una siente que no puede y está a punto de rendirse, piensa en las otras, en las amigas, en las compañeras, en las madres y en las hermanas, en las que fueron y en las que serán. Y como una es lo que piensa y lo que siente, se transforma en TODAS, y hace lo que tiene que hacer: llora y se cae, grita y sangra, pero se levanta, se lava las heridas del cuerpo, puja a su hija. Siempre pa’lante, ya no con la fuerza de una, sino con la de TODAS NOSOTRAS.

¡Bienvenida L.B. a este mundo! ¡Felicidades M., P. (Papá) y hermano mayor! ¡Qué tengas una vida hermosa, chiquita! ¡Ya tuviste el mejor comienzo posible: nacer en esa familia! ¡Y para vos M., lo mejor siempre lo mejor! ¡Chin chin!

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“Julian: From womb to world”

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No se pierdan este álbum de fotos de Graham King: “Julian: From womb to world” (Julián: del vientre al mundo), que relata el nacimiento en casa del Julián en cuestión. Para muestra, miren la expresión de este bebé, es una de las fotos más hermosas que he visto en mi vida….Para ver el álbum completo, que incluye la “decoración” para el parto, los insumos necesarios, y hasta una carta para las visitas: click aquí.

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Fotos: “El nacimiento de Olivia Joy”

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Paseando por Flickr, encontré esta bellísima serie de fotos de BBaltimore: “The birth of Olivia”. Olivia nació en el agua, en casa, el 8 de septiembre de 2005 ¡Qué la disfruten!

El cuarto preparado para dar a luz: la cama y la pileta donde nació Olivia
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Primeros segundos de Olivia, pegada a su mamá, ambas acompañadas por la doula Valerie
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Olivia Joy recién nacida (¡fíjense lo alerta que está!)
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Olivia ya busca algo para comer…
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El hermano mayor celebra la llegada de Olivia, aunque bromea “¡Yo dije que quería un hermanito!”
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Teteando (fíjense el estetoscopio de la partera revisando al bebé sobre el pecho de la madre)
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Mi foto favorita: se llama “Pasando la antorcha” y la mamá explica que la nena que mira a lo lejos era, hasta esa noche, la bebé de la familia…¡qué ternura!
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Para ver la serie completa, click acá.

Todas las fotos publicadas bajo la licencia Creative Commons.

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“El nacimiento de Vito”, por Dolores

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Foto: Dolores y Vito, a pleno sol.

Inspirada por la Semana Internacional del Parto Respetado 2009, decidí pedirles autorización a las amigas de la Red Social Familia Natural, para ir publicando de a poco sus experiencias de parto. Gracias chicas por la generosidad y la inspiración. Sus relatos seguramente ayudarán a otras mujeres a tomar decisiones conscientes y seguras para el nacimiento de sus hijos.

El primer relato es de Dolores, mamá de Vito. No voy a publicar los nombres completos de las parteras y del obstetra, pero pueden contactarse conmigo para obetener más información ¡Gracias Dolores, y felicidades por tu Vito hermoso!

“Prefiero arrancar con la conclusión: lo que más me dolió fue ver cómo todo lo que yo detestaba y odiaba para mi propio parto me estaba pasando, y que ya no había forma de salir. Durante esos tres días entré en un estado de desamparo total y me dejé hacer. Y con la eterna pregunta que me quedó: ¿Qué pasa si uno rompe bolsa pero el trabajo de parto no empieza?

Empecé a leer creo que desde el segundo o tercer mes de embarazo. Fui a una charla de Dando a luz que me terminó de abrir la cabeza, leí las revistas Creavida que me prestaron, incluso fui a una charla sobre el parto respetado.

Así que llamé directamente a Raquel S. y le pregunté si ella podía ser mi partera, para tenerlo en la clínica de mi obra social. Ella me explicó que sólo atendía partos domiciliarios o en su casa. Y me recomendó a una discípula suya, Diana R., que vivía cerca de casa (yo buscaba eso con mucho ahínco, que viviera cerca). Nos cayó muy bien, es una divina Diana. Hice la preparación corporal con ella, me gustó mucho.

Mi obstetra era mi ginecólogo, Gustavo S. Él ya sabía que yo iría con mi partera, que no quería episiotomía, que en lo posible prefería que cortara el cordón más tarde, y que quería parir sentada.

Mi fecha probable de parto era mi cumpleaños: el 16 de octubre. El 22 de septiembre Diana viajó a Córdoba por el fin de semana. Ese viernes a la madrugada rompí bolsa ¿Qué podía hacer? Me fui a la clínica, llamé a Diana que estaba en el micro casi llegando. Mi plan era hacer todo el trabajo de parto en casa, con ella.

Llegué a la clínica San Lucas (San Isidro, provincia de Buenos Aires), y claro, ahí empezó el show: me internaron, me acostaron, me hizo el primer tacto el obstetra de guardia, me dieron la primera pastillita de antibiótico…

Hubo que esperar hasta la mañana siguiente para que viniera mi obstetra. Le dije que no quería goteo, que quería esperar. Le pareció bien. Tenía muy pocas contracciones, al principio seguidas, pero luego mágicamente desaparecían.

Le pedí a mi marido que le avisara a mis padres, porque ellos habían planeado un viaje a Rosario. Ese fue mi primer error: toda la familia turnándose para visitarme mientras yo estaba en medio de ese dudosísimo trabajo de parto.

Las enfermeras siguieron trayéndome las pastillitas del antibiótico el sábado y el domingo. Y venían con la orden de “mejor no te levantes”. Pero me puse “perra”: cuando empezaban las contracciones necesitaba estar sentada, así que le pedí a Carlos que me trajera el sillón de la sala de espera, no pensaba pasar la noche con contracciones y acostada.

Me lo trajo: era uno de esos sillones tipo ingleses, gigantes y pesados. Cara de incredulidad en el piso. Yo seguía insitiendo en que no quería goteo. Mientras, seguía del desfile de visitas en el cuarto ¡como si Vito ya hubiera nacido! Ni Carlos ni yo supimos manejar nada. Por eso yo quería a Diana conmigo, pero no podía hacer nada.

Ni mi personalidad ni la de Carlos nos ayudaron a echar a todos de la pieza. Así seguí hasta el domingo a la tarde, cuando mi obstetra me dijo que hasta ahí esperaba, me dijo que vendría su partera. Llegó la partera, a quien jamás había visto, se presentó y me dijo que iba a ponerme la vía y hacerme otro tacto (creo que fueron tres en total en esos días, lo más doloroso del mundo, más que las contracciones).

A los tres minutos me dije que se iba a ver a otra chica en otro sanatorio. Cuando volvió, yo ya estaba chillando como una loca. Me pusieron en la camilla, mientras la partera hablaba de cualquier verdura. Me pusieron en una camilla en el pasillo, yo pidiéndole si por favor podía parir sentada, que pusiera las pieseras, gritando, y esperando mientras limpiaban el quirófano del parto anterior.

Anestesia. Sala de partos. Le pedí por favor -de nuevo-, que quería sentarme. La anestesia hizo efecto, tres pujos, la partera bien despectiva…Sólo el chico del monitoreo me agarró la mano, recuerdo su voz dulce con tonada del interior.

Vito nació con un “plop”. Yo no sentí nada. Veía a todos pendientes de mi vagina como en una película, y yo inmensamente triste, anodadada, viéndolos a ellos, y totalmente consciente de esa nada que me estaba pasando.

Vito salió azul, así que ni me lo mostraron, y se lo llevaron para darle oxígeno. Carlos salió con él, el obstetra se quedó cosiéndome (también en la sala de partos le recordé que no quería que me corte…). Me dijo que me cosía un desgarro, “cinco puntos apenas”, dijo. La partera, apenas terminó de coserme y ni bien se fue el obstetra, me preguntó cómo arreglábamos el tema de los honorarios ¡Qué tristeza infinita!

Vito estuvo en Neonatología por dos días más, yo suplicando que me lo lleven a la pieza (no podía, “está con oxígeno”, me decían). También me pedían que descanse, que no me preocupara, que ellas le daban leche. Por supuesto fui, toqué la puerta y le di mi primera mamada ahí, en la Neo.

Fue desgrarrador, el pobre no tenía nada grave: nació deprimido como nacen casi todos los bebés en los partos medicalizados, calculen que yo estuve con antibióticos dos días.

Después vino la lucha para que me lo lleven. Y el colmo: cuando dijeron que Vito ya estaba bien, la jefa de Neo no me quería dar el alta porque “no me veía muy segura en mi rol de madre”. Claro, porque yo no pude aguantar y le pedí por favor que me lo lleven a mi cuarto, que quería irme. ¿Cómo iba a sentirme segura si no tuve ni tiempo de estar a solas con mi bebé? Nos quejamos, llamamos a otro jefe de Neo y finalmente nos dieron el alta.

Otro detalle: el anestesista lo primero que me dijo cuando me vio fue: “¿Así que vos querías una parto natural? Todas dicen lo mismo pero terminan pidiendo la anestesia”. Parece una frase hecha, una película de terror, pero no, así fue.

Chicas: Yo no había “soñado” un parto perfecto. Yo lo planifiqué todo lo que pude para que se pareciera a lo que ahora sé que es un parto fisiológico. Pero no se puede tener un parto ni mínimamente respetado en una clínica. Ahora entiendo lo que me dijeron las dos parteras: que era muy difícil, pero que haríamos lo posible.

Si alguna vez se me cruza por la cabeza tener otro hijo, va a nacer en casa. No tengo NINGUNA duda. La famosa cadena de intervenciones desde que entrás al hospital es la causa de todo. Ahora, ¿Por qué no me animé con Vito? “

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La historia del disco “Nacer, Renacer”, por su autora, ¡la diosa Rosa Zaragoza!

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-Rosa, te quería pedir un favor, sin apuro, puede ser mañana o en 2010. Quería preguntarte cuál fue el camino que recorriste hasta llegar a parir “Nacer,Renacer’, y cuál es la historia detrás de ese disco que se convirtió en himno y en marcha de los derechos del nacimiento ¡Gracias por tu generosidad! Laura.

“Hay discos que los haces para comer, es decir que sabes que lo van a oir y te contratarán para cantar después. Naturalmente, no es el caso de Nacer, Renacer (nos invitaron en México las mujeres de Luna Maya para el congreso del año pasado pero no tenían dinero para pagarnos ni siquiera los aviones; nos hubiera gustado ir, pero tampoco tenemos tanta pasta).

Asi que Nacer Renacer se gestó de otra manera. Diferentes mujeres me decían que ponian los discos míos, como Erótica Mística, durante su parto en casa, como fondo musical porque las relajaba o las ayudaba. Yo siempre contestaba que mis discos habían sido hechos para concebir, no para parir. Y entonces me dí cuenta de que no había canciones para ayudar a parir a las mujeres, que había como un vacio y pensé en hacer un disco para eso.

El único problema es que yo no tengo mucho dinero y producir un disco -si lo quieres hacer bien- es muy caro. Entonces, mientras iba cocinando las canciones también empecé a ponerme en contacto con gente a quien yo creía le podría interesar el disco, y les ofrecía comprarlo ya a mitad de precio con la promesa de que yo se lo enviaría después.

Parece increíble que eso pudiera funcionar en este mundo de hoy, pero funcionó. Empecé por ponerme en contacto con la web de El parto es nuestro, con grupos de lactancia y en seguida encontré apoyo. María Jesús Blázquez de Vía Láctea, un grupo de lactancia de los mas antiguos, se interesó mucho y empezó a ayudarme dándome contactos y un montón de ideas.

De ahí fueron saliendo canciones más terapeuticas como La muerte cuando esperas vida, porque el disco aún estaba en construcción. Así que el hecho de atreverme a reconocer que necesitaba ayuda para tirar el disco adelante, y pedirla, me abrió de repente las puertas para entender que había que hablar de los temas que a todos estos grupos que me apoyaban les importaban mucho.

Así nació La rumba de las madres: yo llamaba por teléfono a Maria Jesús , que vive en otra ciudad, y le cantaba la estrofa que había hecho, y ella me animaba a escribir más con su indignación ante los libros que dicen que se deje llorar a los niños, por ejemplo.

Me iban llegando a mi cuenta lluvias de 10 euros, 10 euros, 10 euros, a medida que yo les enviaba las letras que iba haciendo. Cuando tuve la portada la envié, y yo empecé a recibir también escritos de mujeres que me hablaban de sus partos. Al final, vi la necesidad de elaborar un librito con tantas informaciones interesantísimas como iba recogiendo.

Así que durante más de un año se gestó Nacer, Renacer. Ahora, tres años después, se han vendido casi cinco mil copias, con lo cual he recuperado el gasto de producción y las horas y horas de trabajo.

La verdad es que todo el tiempo que dediqué a la creación del disco fue precioso, era un trabajo que me hacía sentir muy bien.

Lo mejor de todo ha sido la gente que he conocido y los cientos de e-mails de personas que me cuentan que adoran Nacer, Renacer, o que sus hijos les piden que lo pongan, o de personas que directamente me dicen que alguna canción les ha ayudado mucho.

Espero haberte contestado. Un beso, Rosa”.

Para escuchar toda la música de esta artista bellísima, click aquí.

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