¿Cómo prepararse para el parto?

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Foto: blmurch (Flickr Creative Commons)

Mientras estaba embarazada leí cuanto libro se había editado sobre el embarazo y el nacimiento. Me informé obsesivamente sobre la fisiología del parto, las rutinas médicas practicadas al recién nacido, y los derechos del nacimiento.

Sin embargo, no fue sino hasta que llegué a Buenos Aires que comenzó la verdadera preparación, la profunda, la que iba a hacerme parir a Layla como lo hice: la preparación emocional.

Porque por más que seamos una enciclopedia viva del parto y del bebé, y hayamos armado un plan de parto impecable, si no estamos preparadas emocionalmente para parir, es posible que no podamos hacerlo, y que dejemos el nacimiento de nuestro hijo en manos de otros.

¿Qué significó para mí preparme emocionalmente?

En la práctica, participar de los encuentros pre parto en lo de la partera Mirta Merino. Todos los martes íbamos mi panza y yo a su consultorio de Barracas. Ahí nos encontrábamos con otras cinco futuras madres y búscabamos lo que nos estaba pasando. Con la panza, con los padres de nuestros hijos, con nuestros padres, con nuestros propios nacimientos.

En esos encuentros empecé a descubrí quién era, y cómo iba a parir. Mirta fue una guía fundamental: “Laura, vos llegaste con un bagaje informativo enorme, pero te faltaba mirarte por dentro”.

Claro que también hablamos del trabajo de parto, de cómo se iniciaba, de las contracciones -que eran como “olas”-, y de toda la parte teórico-informativa. Pero también bailamos, lloramos, nos reímos, jugamos con esfero dinamia y tomamos mate.

Nombramos a cada miedo. El miedo a los recursos humanos de los sanatorios, a la sangre, a la hemorragia, al dolor, a las tardecitas del puerperio, a que algo saliera mal, o a que el hijo no tuviera sus veinte deditos…

No “aprendimos” a respirar, ni trabajamos ninguna otra “técnica”. Simplemente porque las mujeres sabemos cómo parir, si nos dejan tranquilas.

Para mí, la preparación emocional para el parto fue fundamental. Dos horas por semana dedicadas por entero a mí y a mi panza. Dos horas para conectarme con el momento de dar a luz. Fue sin dudas el tiempo mejor invertido de mi vida, un tiempo precioso en el que -con la ayuda de Mirta y de las otras mamás-, se fue abriendo el camino para el nacimiento de Layla.

Más información sobre el parto y el nacimiento: Asociación Dando a Luz (Argentina)
También: Las sensaciones del parto, por la partera Debbie Diaz

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