La mejor defensa contra la violencia es la intuición

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Foto: Carf (Flickr Creative Commons)

La semana pasada terminé de leer el libro “Protecting the gift, Keeping Children and Teenagers Safe (and Parents Sane)”, de Gavin De Becker, un experto en seguridad y autor del best seller “The gift of fear” (“El regalo del miedo”). En este caso, focaliza su atención en la seguridad de nuestros hijos, y de los niños en general.

De Becker abarca casi todos los tópicos: cómo reconocer las señales del abuso sexual (de que va a ocurrir o de que está ocurriendo); cómo identificar a un depredador sexual; qué preguntarle a una potencial niñera o al personal del jardín de infantes; cuándo los hijos más grandes están preparados para estar solos en lugares públicos; y el último (y duro) capítulo está enteramente dedicado a la violencia familiar, algo que el autor conoce de cerca por haber sufrido por años los abusos de su madre drogadicta.

El libro me pareció interesantísimo, y lo devoré en tres noches. Me gustó porque el foco no son el pánico ni el miedo indiscriminado (a todo y a todos), sino la realidad, y la confianza en la intuición para detectar el peligro.

Porque ya sabemos que el mundo allá afuera es bravo, que hay depredadores sexuales, raptos y niñeras violentas. Pero vivir en pánico no es la mejor defensa. La única defensa posible es empezar a confiar en nuestra intuición.

Es la intuición la que nos permite discriminar. Esa vocecita adentro nuestro que nos susurra (y hasta nos grita) que algo no está bien. Esa vocecita que nos despierta ese miedo “irracional”, que justamente es el miedo al que debemos prestarle atención.

Esa vocecita a la que generalmente no le hacemos caso, porque siempre TENEMOS que racionalizar todo, aún el miedo.

El autor sostiene que las intuiciones en el caso de nuestros hijos son siempre acertadas por dos razones: están basadas en algo, aunque no sepamos qué, o lo neguemos, o nos duela aceptarlo (tenemos el instinto de defender a nuestra cría, nunca lo olvidemos). Y segundo: si le hacemos caso a nuestra intuición en relación a los niños, estaremos haciendo lo que creemos de corazón es mejor para ellos (aunque podamos equivocarnos alguna vez).

Todos podemos predecir el peligro. Piensen sino en cuántas veces sus intuiciones se vieron confirmadas. Recuerden las oportunidades en las que después de notar algo “extraño” (una sonrisa que se curvó lentamente, una mirada demasiado larga) decidieron caminar hacia otro lado. Tal vez no llegaron ni a reconocer qué era “lo extraño”, pero algo las alertó: su intuición.

Creo las mamás estamos híper conectadas con esta intuición ¿Cuántas veces nos hemos dicho “salió la mamá loba-osa-tigresa-leona que hay en mí”? No quiero perder este estado. Y es más: quiero transmitírselo a Layla ¿Cómo? Saliendo al mundo con ella, y animándola a interactuar con la gente, para que pueda ella solita desarrollar su propia intuición, y de a poco ir ejercitándola.

De Becker propone un ejercicio muy simple para hacer con los hijos:

-Incitar a los chicos a hablar con extraños en nuestra presencia. Pueden ser ellos los que ordenen la comida en un restaurante, por ejemplo, o si son más grandes podemos decirles que elijan a una persona para preguntarle la hora, o pedir indicaciones para llegar a un lugar. Y luego reforzar ese aprendizaje discutiendo los detalles de la comunicación: ¿Qué pensaste de ese hombre que se nos acercó demasiado para hablar? A mí no me gustó”; “Me sentí muy cómoda conversando con el hombre que estaba sentado en la mesa de al lado, ¿y vos?”.

El autor sostiene que los chicos que tienen una intuición desarrollada, y que saben comunicarse con la gente, tienen muchas menos probabilidades de ser víctima de un ataque violento porque, ante el peligro, intuyen en quién no pueden confiar, o saben a quién pedir ayuda. Porque el problema no son “los extraños”, sino “lo extraño”.

Por último, me gustaría citar al autor sobre la televisión encendida 24 horas al día:

“¿Querría alguien destruir el sentido de seguridad de la gente? Bueno, sí, hay un tremendo negocio allá afuera tratando de sacar provecho de esto: los canales de noticias…Mientras la mente humana es capaz de absorber todo tipo de experiencias y estímulos, demasiada información en poco tiempo puede aumentar en el niño su nivel de miedo a lo desconocido, hasta el punto de quitarle la posibilidad de desarrollar un sentido de seguridad en sí mismo y en el mundo.

Todos tenemos experiencias con calamidades en nuestras vidas, y esto es inevitable. Pero desde la era satelital, también experimentamos las calamidades en la vida de todo el mundo, y esto sí es evitable…Esta presentación del mundo como un lugar peligroso lleva a los niños y a los adultos a creer que no son lo suficientemente competentes para superar los desafíos de la vida, y esta creencia los lleva a no disfrutar plenamente de la vida…El sereno original nos cantaba “Son las once y todo está bien”, pero en la era de los medios nos vamos a dormir con un “Son las once, y dormir boca abajo causa la muerte de la cuna en los bebés”.

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