Agua

Lugares, Ward-Colorado 1.192 Comments »

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David y Layla a orillas del James Creek

Román y Justine viven sin agua corriente por elección. Viven off-grid, generan su propia energía, y no dependen de los servicios públicos. Tienen paneles solares para la electricidad, y usan un tanque de gas para cocinar. Compostan los residuos orgánicos (incluyendo los deshechos del cuerpo), y una vez cada tanto llevan los otros residuos al basural o al centro de reciclaje.

Para nosotros (bueno, más para mí) era un desafío pasar un mes sin agua corriente. Creo que la única vez que lo hice fue cuando David y yo acampamos en la costa de Baja California, México, al lado del mar, por casi un mes -duchándonos aquí y allá cuando estábamos requete salados, y tomando agua potable, pero sin agua corriente-.

Pero nos las arreglamos muy bien, con la ayuda de estos tres recursos: una ducha solar de cinco galones (algo así como 20 litros); el agua purísima de un manantial en Ward, cerquita del Campo Irie (en el que diariamente se abastecen Román y Justine para cocinar, lavar los platos y demás); y el río James Creek, nuestro lugarcito especial de Colorado.

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Todas las mañanas llenábamos la ducha con el agua del manantial y la poníamos en el sol durante el día. A la tardecita, la temperatura del agua era ya confortable. Sin embargo, yo prefería ducharme a la mañana, con el agua casi helada, bajo el sol fuerte de las Rockies. Y secarme en el sol, tomando mate, y aplicándonos a Layla y a mí aceites y lociones para resistir la sequedad del verano.

Nuestro camper tenía un tanque de agua, que usábamos para lavar los platos, y muchas veces yo calentaba agua en una olla grande, y en la pileta de la cocinita la bañaba a Layla, el agua perfumada por unas gotitas de aceite escencia del rosa.

Otra opción era tomar un baño en las aguas bajas, y también heladas, del James Creek, que solía ser “nuestro” lugar secreto para nadar y tomar sol desnudos, pero que en los últimos años se ha convetido en el lugar secreto de muchos otros más.

Yo, como ya estarán pensando, tengo un oso polar bajo mi piel humana, así que pasaba mucho tiempo chapuceando, disfrutando del nuevo despertar a la vida que te regala la inmersión en agua fría. A Layla le tomó unos días, pero al final ya se metía hasta la cintura.

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Hay ciertas reglas que seguir para entrar al arroyo. Para empezar, una ni se remoja los pies en el James Creek si no hay sol. Y segundo, nunca te metés de lleno.

Primero pasás unos minutos con el agua hasta las rodillas, tiritando, hasta que te acostumbrás al frío. Después te sentás y de nuevo dejás pasar el tiempo necesario para aclimatarte. Temblequeás un poco y cuando ya no sentís nada, ¡llega el gran momento de sumergirse! A diferencia de otros aspectos de la vida, siempre es como la primera vez.

Yo me tapo la nariz y me recuesto en la arena. Cuando el agua me tapa el pecho siento que voy a tener un ataque cardíaco, pero en segundos mi corazón está más fuerte que nunca y yo, rebautizada. Cuando salís de nuevo a la superficie, el sol generoso de las Rockies está esperándote con su calor, y… ¡Colorín, Colorado, estás lista para empezar todo de nuevo hasta que se ponga el sol!

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