La liberación del continuum

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Foto: Jurvetson (Flickr Creative Commons)

Hace un par de semanas terminé de leer “El concepto del continuum”, de Jean Liedloff, un estudio antropológico sobre los indios Yequana de la selva amazónica, que los padres occidentales hemos convertido en un verdadero manifiesto de la crianza natural. El libro me impactó porque pone en palabras mis intuiciones: la naturaleza es siempre la misma. Un bebé que nace en la “edad de piedra” entre los yequanas tiene impreso en su cuerpo el mismo continuum -la misma naturaleza- que un bebé que nace en un moderno hospital de Nueva York.

Mi amiga Agustina de Familia Natural (que escribe tan claro y con tanta pasión), lo explicó así:

“El continuum es la sucesión armónica, la transición gradual, el cambio lento.. De los brazos a la movilidad propia, del llanto al lenguaje, del espacio compartido al espacio propio, de seguidor a líder, la vida continuum es la vida que fluye, es la vida en la que las etapas se suceden naturalmente y en armonía, sin trauma ni violencia. En la cultura occidental Naturaleza y Vida no están en armonía, los pasajes son violentos, las transiciones son abruptas, los cambios son traumáticos. Es la ruptura del continuum, la negación de la naturaleza.”

Hemos estado debatiendo en el foro sobre el continuum, y me quedé pensando en cómo hacemos las madres para liberar ese continuum del que nosotras mismas hemos sido tan violentamente desgarradas. Ese continuum que nos permitirá ser las madres lobas con las que nuestros hijos esperan encontrarse. Seguramente haya que buscar el camino en las hormonas. Ni en el intelecto ni en las emociones, sino en las hormonas del embarazo, del nacimiento y de la lactancia. Sin esa liberación hormonal, el continuum tal vez se quede enterrado en lo más profundo de nosotras, estrujándonos las tripas hasta el final de los días.

Pienso en la manera en que vivimos los embarazos: con la sensación de un cuerpo deformado y no transformado. Con pesadez, con fastidio a veces, como una enfermedad en el peor de los casos, focalizadas en el cuerpo que va a quedar en lugar del que ES en todo su esplendor, o atiborrándonos de comida innecesaria. Mi amiga A. entra hoy en la semana 39 de su embarazo (si es que no está naciendo su bebé en casa). Nos vimos hace unos días en el parque para un picnic. Ella llegó caminando con paso y sonrisa firmes. Llevaba en la espalda, “a caballito”, a su hija de tres años, radiantes las dos. A. jugó con los chicos, se sentó en el piso con las piernas cruzadas y nos dejó ser parte de su brillo por unas horas. Con naturalidad, sin quejas, sin estruendos.

Luego, la manera predominante de nacer en nuestra época no hace más que quebrar -o confundir en el mejor de los casos-, el continuum. Cuando recibí a Layla en mis brazos, caliente y húmeda, las dos supimos qué hacer. No se violó el mandato natural. Exactamente como había sido durante el trabajo de parto. No pensé en dilatar, o en pujar, solo hice lo que mi cuerpo mi indicaba: seguir el continuum del nacimiento. Y la crianza se dio de la misma manera, después de haber parido en la intimida de mi casa, dejar a mi hija en un cuna, o en otro cuarto, me parecía realmente de ciencia ficción. Ninguna de las dos estaba confundida sobre lo que había que hacer.

De la lactancia no hay mucho que decir: el símbolo más contundente del flujo del continuum, de la energía vital, de la naturaleza.

Cada vez que tengo dudas en mi camino de madre (una o dos veces por día), cada vez que siento que estoy distanciándome del continuum, vuelvo a la noche del nacimiento, en la que hice lo que tenía que hacer, sin pensar, sin leer consejos en un libro, sin atender a los legados sociales o familiares.

La clave para entender el continuum es la contemplación de la naturaleza: el movimiento del sol, los ciclos de la luna, el paso de las estaciones, los cambios hormonales del cuerpo, son transformaciones no se pueden apurar ni detener. Suceden cuando es el tiempo perfecto para ello.

Cierro con más de Agus (¡gracias amiga!)

“Abrazar el continuum no es seguir la fórmula yequana, abrazar el continuum es reconocer que hay necesidades biológicas que son universales y anteriores a toda norma cultural o costumbre social, es entregarse al ritmo que marca la naturaleza y resistir el deseo de dirigir, es ponernos en manos del instinto, es dejar salir a nuestra naturaleza animal. La crianza continuum es la crianza que genera el ambiente propicio en el que la naturaleza se pueda expresar y desarrollar, es poner a la crianza al servicio de la naturaleza. Es tener al hijo en brazos hasta que gatee, es amamatar hasta que se destete, es cercanía hasta que se aleje, es dejar que los chicos crezcan y que la naturaleza fluya, sin forzarla, sin iterrumpirla. Si en cada etapa satisfacemos sus necesidades y los hacemos sentir seguros y satisfechos, están emocionalmente preparados para pasar tranquilamente a la etapa siguiente. Una mamá yequana amanta a su hijo mientras camina por la selva, yo lo hago en la intimidad de mi cuarto y a puertas cerradas; para un varón yequana el pasaje a la independencia es ir de caza con los adultos de la tribu, para mi hijo será ir por primera vez solo a la casa de su abuela. Circunstancias, medios y herramientas son distintas, la naturaleza humana es la misma.”

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